1-¿Cuáles son las demandas políticas que conforman el programa de reformas radicales perseguido por los jacobinos durante la revolución francesa? ¿Siguen vigentes estas demandas en el mundo actual, han sido satisfechas o han quedado desactualizadas?
Las demandas políticas que conformaban el programa de reformas radicales perseguido por los jacobinos durante la revolución francesa eran: la abolición del veto real, la legislatura unicameral, una judicatura elegida en vez de nombrada, la supremacía legislativa en vez de la separación de poderes y un ejecutivo fuerte, y por sobre todo, el sufragio democrático, basado en el principio de un hombre, un voto.
Al exigir el gobierno del pueblo, la izquierda pretendía derribar el poder de una clase dominante socioeconómica, de un gobierno corrompido.
2-¿Qué es lo que distingue a una concepción de izquierda cuando se discute por qué el pueblo ve limitada su capacidad de ejercer efectivamente la soberanía política?
3-Analice el destino de lo que Eley define como “democracia radical”.
a- ¿Por qué se ha argumentado que estos movimientos políticos miraban más al pasado que al futuro?
b- ¿El desarrollo del capitalismo afecta la vigencia del programa político de la “democracia radical”? ¿Por qué?
La democracia radical de pequeños propietarios dominó las insurrecciones populares que estallaron en Europa durante 1820 y 1830, así como en los disturbios de 1848. Floreció entre los artesanos, los pequeños comerciantes, los abogados, periodistas e intelectuales de poca monta (coalición jacobina).
Estos movimientos podían abarcar elementos de la nación política o penetrar en el campesinado, y cerca de 1848, aumentaron al sumarse a ellos estudiantes y trabajadores proletarizados.
Estos movimientos políticos miraban más al pasado en el sentido de que aunque las fuerzas del mercado capitalista ya comenzaban a transformar las relaciones de producción aun perduraban ideologías populares antiguas de la sociedad justa. Los deseos de proteger y restaurar las formas tradicionales de producción a pequeña escala aun podían sostenerse, por parte de ideas radicales de intercambio y productores independientes. En 1848, la democracia radical alcanzo su apogeo, sin embargo sus bases estaban debilitadas. Porque el capitalismo penetraba en el entorno del pequeño productor, creando un entorno muy diferente, un entorno industrial. De forma paulatina la democracia quedo vinculada a 2 nuevas exigencias: un análisis económico del capitalismo y un programa político para la reorganización general de la sociedad.
4- ¿Qué quiere decir Geoff Eley cuando afirma que la democracia estuvo siempre incrustada en la historia social?
El autor afirma que la democracia estuvo siempre incrustada en la historia social, puesto que la “democracia radical” surgió de la Revolución Francesa, y también estuvo presente en forma de exigencias socioeconómicas de carácter práctico en el socialismo primitivo de 1830. Estas exigencias fueron consideradas el acompañamiento esencial de la democracia autentica. Así las ideas socialistas se volvieron difusas y quedaron integradas en instituciones y en las relaciones sociales, en la conciencia y en el comportamiento de las personas y se convirtieron en poderosas motivaciones. La sustitución de una forma de democracia por otra entraña además de una adaptación a una sociedad cambiante, una constante lucha de ideas.
5- ¿Qué es lo que diferencia al liberalismo y al socialismo en la segunda mitad del siglo XIX? ¿Cómo conciben estas ideologías la relación entre economía y política?
Los liberales se resistieron a la ciudadanía democrática, es decir que el acceso a los derechos políticos estaba signado por la posesión de propiedades, la educación y la “categoría moral”. Los liberales despreciaban la capacidad cívica de las masas, en el discurso liberal, “la democracia” era sinónimo del imperio de la chusma.
Por otro lado los movimientos obreros apoyaban la soberanía popular y presionaban a favor de formas intermedias de cooperativismo de los productores con el respaldo del gobierno (talleres nacionales o un banco de crédito popular).
A partir de 1860 los socialistas depositaron sus esperanzas en un partido de democracia parlamentaria dirigido y asociado a un movimiento sindical organizado a escala nacional.
7- ¿Cómo explica el autor que los movimientos socialistas relegaran a un segundo plano “la cuestión de la mujer”? ¿Se trata de una cuestión de estrategia política o de un límite ideológico? ¿El texto menciona algún tipo de factor económico cuando analiza la dominación masculina sobre la mujer?
En la mayoría de los primeros movimientos democráticos, exceptuando los utópicos, la soberanía popular estaba acotada solo para los varones. Al finalizar el siglo XIX los partidos socialistas europeos se convirtieron en los principales defensores de los derechos políticos de la mujer.
Los movimientos de izquierda se negaban a apoyar el sufragio femenino hasta que los hombres ya hubieran obtenido el suyo. Pero donde el sufragio masculino ya existía, los derechos de las mujeres quedaban subordinados a cuestiones económicas. La primacía de los aspectos económicos en la comprensión del contexto social perjudicaba a las mujeres.
La actitud de los partidos socialistas de dejar en segundo plano la “cuestión de la mujer” obedece a estructuras ideológicas profundas, que derivan de sistemas antiguos de supremacía masculina. Estos sistemas se localizaban en parte en la familia y en parte en divisiones generalizadas del trabajo en la economía.
9- ¿Cuáles son los aspectos positivos que según Eley pueden encontrarse en las prácticas y el idealismo de los “socialismos utópicos”?
Los principales pensadores del socialismo utópico fueron Claude Henri de Saint-Simon, Francois Charles Fourier y Robert Owen. Owen proponía la cooperación social contra el egoísmo, el individualismo y la competencia. Saint-Simon propuso una sociedad en la cual todos cumplieran funciones productivas, implantando la jerarquía funcional, la productividad y el mutualismo. Por su lado Fourier proyecto comunidades independientes y minuciosamente detalladas; que mediante una trama de tareas y funciones complementaria garantizarían la felicidad de todos.
Las comunidades a pequeña escala que los utópicos escogieron como medio, no guardaban ninguna relación con los movimientos obreros, dado que sus ideas surgieron mucho antes.
El socialismo utópico no criticaba la economía capitalista, sino que se centraba en asuntos religiosos y filosóficos, concedía prioridad a la educación popular y pretendía revelar el misterio de la armonía social y la felicidad humana.
En contraste con la democracia radical el socialismo utópico suponía una retirada respecto del pensamiento de orientación estatal sobre la democracia.
Los utópicos practicaban una política de género sumamente radical. Fourier propugnaba la plena igualdad de las mujeres y los hombres. Las libertades sexuales y el desmantelamiento del matrimonio, al tiempo que los seguidores de Owen atribuían la degradación moral del capitalismo.
10-¿Cuál es el modelo organizativo que termina imponiéndose en el socialismo Europeo en el último cuarto del siglo XIX?
A partir de 1860 los socialistas de la mayor parte de Europa depositaron sus esperanzas en un partido de democracia parlamentaria dirigido centralmente y asociado a un movimiento sindical organizado a escala nacional.
El ascenso del modelo socialdemócrata fue favorecido por el creciente predominio en Europa de constituciones parlamentarias vinculadas al principio del Estado nacional, que recibió un fuerte impulso en 1860 con la unificación de Alemania e Italia. Las capacidades del constitucionalismo liberal resultante afectaron de manera crucial al proceso del modelo socialdemócrata.
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sábado, 31 de octubre de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Practico 1 Historia Social General"Las formas de organizacion colectiva:"Estado y Nacion
Orígenes del estado.
¿Qué es un estado? “Estado se refiere, en su sentido más amplio, a un conjunto de instituciones que poseen los medios de coerción legítima, y los ejercen en un territorio definido y sobre su población. El estado monopoliza la fijación de reglas en su territorio por medio de un gobierno organizado”.
Existen tres características fundamentales del estado:
a) Una población que habita en un territorio definido y que reconoce un órgano supremo de gobierno que le es común.
b) Este órgano es servido por personal especializado: funcionarios civiles para ejecutar las decisiones y fuerzas militares que las hacen cumplir, si es necesario, y que protegen los miembros de esta asociación se otras parecidas.
c) Esta entidad es reconocida por otras, constituidas de forma similar, como independiente en lo que se refiere a su actuación sobre la población que habita en su territorio, es decir sobre sus súbditos.
Pero estas condiciones no se han dado siempre de manera tan clara. Muchos estados del pasado tenían territorios mal definidos, órganos del gobierno poco diferenciados y el reconocimiento de su soberanía era irregular e intermitente.
El estado, entendido como la forma de organización civil de las colectividades humanas estables, es muy antiguo y nace cuando grupos de hombres más numerosos que los que componen una tribu se coordinan bajo un mando único. En el mundo antiguo conocemos las ciudades-estado de la Mesopotamia y de Grecia, el imperio egipcio, el imperio romano. Todos estos son estados: en cada caso hay un territorio con unos límites y un poder que controla con sus reglas, de modo más o menos efectivo, al conjunto de personas que viven el él.
Para los griegos, que conocían como forma normal de organización la ciudad-estado, las formas de gobierno se caracterizaban de acuerdo con su naturaleza: podían ser monarquía, aristocracia o democracia.
Por otro lado estuvo el imperio persa que, mediante gobernadores, procuraban que los diversos pueblos unidos al imperio pagaran tributos y proporcionasen soldados. El imperio persa combinaba esta estructura unitaria con un cierto respeto por la autonomía de los diversos pueblos.
La sociedad cristiana medieval propugnaba el establecimiento de una monarquía universal sometida a una cadena de poderes que tenían su origen en Dios, de quien procedía toda autoridad, y que pasaba sucesivamente al papa, al emperador y al rey y, desde ahí, a sus subordinados.
Desde el punto de vista de los recursos, el rey era poco más que un gran señor como los otros, que vivía de los ingresos de su “dominio”.Cuando quería emprender alguna acción extraordinaria tenía que pedir a sus súbditos que le concediesen recursos en forma de donativos o de “servicios”. El rey hacía su petición a una representación de la sociedad en una corte de delegados de los estamentos que pactaban con él las concesiones legales que querían a cambio de los recursos que le cedían. En el transcurso de la baja edad media las necesidades de guerra obligaron a los reyes a reunir cada vez más a menudo cortes y parlamentos, lo que facilitó la consolidación de un sistema representativo, basado en las concesiones políticas hechas por los soberanos.
Este tipo de estado implicaba una considerable división de funciones: los nobles y la iglesia, que recibían directamente una elevada proporción de los recursos que se obtenían de los súbditos, se encargaban de una parte de las tareas que hoy atribuimos habitualmente al estado: la defensa del país correspondía a los nobles, y la asistencia social y la enseñanza, a la iglesia.
La formación del estado moderno.
En los comienzos de la edad moderna las grandes conmociones sociales y las guerras de religión crearon una situación de inseguridad que hizo sentir a las clases dirigentes la necesidad de un poder central más fuerte. Las monarquías del occidente de Europa aumentaron entonces sus atribuciones políticas, recortando las de la nobleza feudal en lo que se refiere al nivel superior del gobierno del estado.
Fue entonces cuando, partiendo de la nueva teoría laica del estado, que dejaba de lado las formulaciones teológicas para ocuparse de la práctica del gobierno, se enunció la doctrina del poder absoluto de los monarcas. Más adelante, en el S. XVII, Hobbes legitimaría el poder absoluto como derivado de un contrato social que los hombres habrían hecho con los soberanos para preservar sus vidas.
Una monarquía de derecho divino, como lo eran todas antes de los regímenes constitucionales, sólo estaba limitada en teoría por la existencia de unas reglas (como la del respeto a la propiedad de los súbditos hasta aquellas reglas pactadas con las instituciones representativas y que tenían fuerza de ley), pero lo estaba sobre todo, en la práctica, por su fuerza real. Había lugares, como en Castilla, donde la monarquía había conseguido debilitar el poder de las cortes y legislaban directamente. En Francia, el rey había podido imponer su administración directa a algunas provincias, pero debía tolerar en otras la continuidad de las cortes y de los privilegios.
Pero ni siquiera donde los soberanos legislaban personalmente sin ninguna oposición se puede decir que tuvieran un poder absoluto, ya que, careciendo de una administración adecuada, no tenían capacidad para controlar el territorio mucho más allá de la corte.
Una de las consecuencias más graves de la debilidad del poder estatal era la hacienda. El período que va entre 1689 y 1815 la cantidad de guerras que hubo fueron mucho más numerosas que en años anteriores. Por otra parte, la guerra se había hecho más cara. La necesidad de hacer frente a esta carga económica obligaba a aumentar la presión tributaria y organizar una estructura de hacienda capaz de recaudar grandes suma de ingresos.
Las monarquías que pudieron adaptarse a las nuevas exigencias de las guerras han tenido una transición más tranquila que las que no pudieron adaptarse. Un caso de adaptación fue Inglaterra, por otro lado España y Francia sufrieron revoluciones (en Francia terminó con la Revolución Francesa).
La nación.
Definir qué es una nación es sumamente dificultoso, en cambio “nacionalismo” es mucho más simple.
El nacionalismo es una fuerza que nace de la adhesión de los hombres a una idea. Pero una fuerza es, al principio, neutral: no es buena ni mala. Que sea una cosa u otra depende de la finalidad a la que se le aplique.
Otra confusión es la de identificar al nacionalismo, que implica una voluntad de participación del individuo en los proyectos de actividad colectiva de un grupo, con el patriotismo, que es un sentimiento primario de lealtad al grupo que suele manifestarse en la defensa de su prestigio en relación con otros y que en el pasado podía centrarse en la figura del rey como jefe de la nación en la lucha contra los extranjeros.
Hay visiones étnicas del origen de las naciones, y es evidente que hay casos en que la etnia puede proporcionar lo fundamental de una conciencia natural, como a ocurrido en muchos pueblos colonizados.
Se considera en general que la existencia de un pasado cultural compartido (la lengua, las costumbres, una visión común de la historia) es una condición necesaria para la nacionalidad. Pero estos signos de identificación son históricos: han nacido de una evolución y pueden cambiar, desaparecer o recuperarse en determinados momentos.
Cuando se dice que la nación es un invento moderno, posterior a la Revolución Francesa, se está confundiendo con el estado-nación. La nación es un fenómeno más antiguo y más complejo. Nace de unos elementos culturales que suelen ser muy anteriores y de la historia, entendida como el resultado de una evolución acumulada que se refleja en las realidades sociales que rodean a los hombres.
Todo eso forma la materia sobre la cual se puede edificar una conciencia nacional. Es necesario que una colectividad reivindique que estos rasgos de identidad, que otras muchas han olvidado por completo, y esto lo hace cuando un conjunto suficientemente grande de sus miembros siente que merece la pena recuperar esos signos distintivos, que les unen entre sí y les separan y diferencian de otros.
La nación nace de una voluntad colectiva: hay una nación cuando un grupo suficientemente numeroso de hombres y mujeres deciden que ellos forman parte de una nación; que creen tener rasgos en común que los hacen parecidos entre sí y los diferencian de otros. Según algunos autores, el “estado” es una “máquina”, mientras que la nación es “la toma de conciencia de un pasado tradicional por parte de grupos reunidos, de forma voluntaria o por la fuerza, en un mismo marco y que experimenta la acción cohesionadora cotidiana de la vida en común”.
El estado-nación.
De la conmoción de la Revolución Francesa salió un nuevo modelo de estado que recogía y modernizaba los principios de los sistemas representativos, con una constitución escrita que definía las reglas del juego político.
El rasgo más importante de esta nueva forma de estado era el hecho de que se identificaba con la nación y basaba el pacto social en la pertenencia del conjunto de sus miembros a una colectividad con una cultura, una historia y una lengua comunes.
No se trata del resultado de la actuación de un grupo de hombres que, sintiéndose miembros de una nación común, han construido un estado. En general ha sucedido al revés. Son los viejos estados del absolutismo los que, al ver erosionarse el consenso de las monarquías de origen divino en que se fundamentaban, han optado por transformarse, convirtiéndose en naciones.
En la nueva sociedad “nacional” los hombres, que se han convertido en iguales ante la ley, dejan de definirse por el hecho de ser súbditos de u soberano para ser miembros iguales de una colectividad de ciudadanos “eterna”, porque se basa en la historia.
Para reforzar este sentido de identidad se inventaron los himnos nacionales, las banderas y toda retórica del patriotismo.
Pasar de la vieja a la nueva conciencia, de súbdito de un rey a un ciudadano de una nación, no era difícil en los casos que el estado coincida con un marco cultural relativamente homogéneo. Pero en otros casos se daban situaciones diferentes: la de los estados plurinacionales y la de naciones sin estado.
Cuando un estado plurinacional, como eran la mayoría de los europeos, quería transformarse en nación, tenía que formar una nacionalidad englobante que correspondiese a los límites del estado, y se esforzaba en convencer al conjunto de los ciudadanos de que esta nación era la de todos ellos.
Hay dos aspectos del estado-nación que conviene examinar: el de la autonomía del estado. Calificar al estado de autónomo significa que se supone que es una entidad neutral, sin implicaciones en los intereses de ningún grupo social concreto: un árbrito por encima de todos ellos. Los textos legales se presentan habitualmente como decisiones dictadas por los gobernantes sin otra preocupación de la de conseguir el beneficio conjunto de los ciudadanos. El estado habla en nombre de todos, pero sirve muchas veces a los intereses de determinados grupos sociales y perjudica a otros.
Los imperios y colonias.
El estadio superior del estado-nación moderno ha sido el imperio, ya no como una reunión de territorios bajo un mismo dominio personal, como eran los imperios del pasado, sino como un proyecto destinado a favorecer el crecimiento económico de la metrópoli con la explotación de unas colonias que la proveen de materias primas y consumen sus manufacturas.
La legitimación del imperio se basaba en la idea de que lo que los pueblos avanzados se proponían era civilizar a los atrasados para ponerlos en el camino del desarrollo moderno.
Pero lo cierto es que el tipo de desarrollo económico que los colonizadores fomentaron no tenía otro objetivo que producir mercancía para la exportación, desentendiéndose por completo del sector que producía alimentos y bienes para el consumo interno de los habitantes de las colonias. Lo que estos países necesitaban, por el contrario, era que se aumentara la productividad en el sector interior, y ésta era tan baja que se hubiera podido conseguir con muy pequeñas inversiones. En lugar de esto, las inversiones de las metrópolis se destinaban a grandes obras para facilitar las exportaciones o a grandiosos y fracasados proyectos de cultura comercial.
Apogeo y crisis del estado.
El estado-nación asumió a partir del siglo XIX nuevas tareas y nuevas responsabilidades. Ejercía, por una parte, una función de arbitraje entre los intereses contrapuestos de los diversos grupos sociales. Resultó necesario, por ejemplo, que impusiera normas que controlaran la explotación de los trabajadores asalariados si se querían conseguir que éstos aceptasen las reglas del juego económico. Y comenzó a proporcionar, por otra parte, una serie de servicios sociales a la población más desfavorecida, utilizando para ello los ingresos que obtenía de una tributación progresiva.
Este crecimiento del estado llegó a su punto máximo en los años que siguieron al término de la segunda guerra mundial, no sólo como consecuencia del desarrollo del llamado “estado de bienestar”, sino por el avance en los países industrializados de un tipo de economía mixta que implicaba una política de nacionalizaciones y una fuerte participación del estado en la actividad económica.
Esta situación comenzó a entrar en crisis a partir de 1975, con las dificultades económicas de los países industrializados, la incapacidad de los menos avanzados para hacer frente a las grandes deudas contraídas para financiar su crecimiento económico y el abandono del “desarrollismo” como propaganda para el progreso de los más atrasados, que no sólo han experimentado graves retrocesos en sus niveles de bienestar, sino que en algunos casos, han visto producirse el colapso de sus estados.
Desde los años ochenta se ha pasado a una visión minimalista del estado, que lleva a la privatización de muchas de sus actividades económicas a su cargo y a desmantelar buena parte de los servicios sociales que proporcionaba.
¿Qué es un estado? “Estado se refiere, en su sentido más amplio, a un conjunto de instituciones que poseen los medios de coerción legítima, y los ejercen en un territorio definido y sobre su población. El estado monopoliza la fijación de reglas en su territorio por medio de un gobierno organizado”.
Existen tres características fundamentales del estado:
a) Una población que habita en un territorio definido y que reconoce un órgano supremo de gobierno que le es común.
b) Este órgano es servido por personal especializado: funcionarios civiles para ejecutar las decisiones y fuerzas militares que las hacen cumplir, si es necesario, y que protegen los miembros de esta asociación se otras parecidas.
c) Esta entidad es reconocida por otras, constituidas de forma similar, como independiente en lo que se refiere a su actuación sobre la población que habita en su territorio, es decir sobre sus súbditos.
Pero estas condiciones no se han dado siempre de manera tan clara. Muchos estados del pasado tenían territorios mal definidos, órganos del gobierno poco diferenciados y el reconocimiento de su soberanía era irregular e intermitente.
El estado, entendido como la forma de organización civil de las colectividades humanas estables, es muy antiguo y nace cuando grupos de hombres más numerosos que los que componen una tribu se coordinan bajo un mando único. En el mundo antiguo conocemos las ciudades-estado de la Mesopotamia y de Grecia, el imperio egipcio, el imperio romano. Todos estos son estados: en cada caso hay un territorio con unos límites y un poder que controla con sus reglas, de modo más o menos efectivo, al conjunto de personas que viven el él.
Para los griegos, que conocían como forma normal de organización la ciudad-estado, las formas de gobierno se caracterizaban de acuerdo con su naturaleza: podían ser monarquía, aristocracia o democracia.
Por otro lado estuvo el imperio persa que, mediante gobernadores, procuraban que los diversos pueblos unidos al imperio pagaran tributos y proporcionasen soldados. El imperio persa combinaba esta estructura unitaria con un cierto respeto por la autonomía de los diversos pueblos.
La sociedad cristiana medieval propugnaba el establecimiento de una monarquía universal sometida a una cadena de poderes que tenían su origen en Dios, de quien procedía toda autoridad, y que pasaba sucesivamente al papa, al emperador y al rey y, desde ahí, a sus subordinados.
Desde el punto de vista de los recursos, el rey era poco más que un gran señor como los otros, que vivía de los ingresos de su “dominio”.Cuando quería emprender alguna acción extraordinaria tenía que pedir a sus súbditos que le concediesen recursos en forma de donativos o de “servicios”. El rey hacía su petición a una representación de la sociedad en una corte de delegados de los estamentos que pactaban con él las concesiones legales que querían a cambio de los recursos que le cedían. En el transcurso de la baja edad media las necesidades de guerra obligaron a los reyes a reunir cada vez más a menudo cortes y parlamentos, lo que facilitó la consolidación de un sistema representativo, basado en las concesiones políticas hechas por los soberanos.
Este tipo de estado implicaba una considerable división de funciones: los nobles y la iglesia, que recibían directamente una elevada proporción de los recursos que se obtenían de los súbditos, se encargaban de una parte de las tareas que hoy atribuimos habitualmente al estado: la defensa del país correspondía a los nobles, y la asistencia social y la enseñanza, a la iglesia.
La formación del estado moderno.
En los comienzos de la edad moderna las grandes conmociones sociales y las guerras de religión crearon una situación de inseguridad que hizo sentir a las clases dirigentes la necesidad de un poder central más fuerte. Las monarquías del occidente de Europa aumentaron entonces sus atribuciones políticas, recortando las de la nobleza feudal en lo que se refiere al nivel superior del gobierno del estado.
Fue entonces cuando, partiendo de la nueva teoría laica del estado, que dejaba de lado las formulaciones teológicas para ocuparse de la práctica del gobierno, se enunció la doctrina del poder absoluto de los monarcas. Más adelante, en el S. XVII, Hobbes legitimaría el poder absoluto como derivado de un contrato social que los hombres habrían hecho con los soberanos para preservar sus vidas.
Una monarquía de derecho divino, como lo eran todas antes de los regímenes constitucionales, sólo estaba limitada en teoría por la existencia de unas reglas (como la del respeto a la propiedad de los súbditos hasta aquellas reglas pactadas con las instituciones representativas y que tenían fuerza de ley), pero lo estaba sobre todo, en la práctica, por su fuerza real. Había lugares, como en Castilla, donde la monarquía había conseguido debilitar el poder de las cortes y legislaban directamente. En Francia, el rey había podido imponer su administración directa a algunas provincias, pero debía tolerar en otras la continuidad de las cortes y de los privilegios.
Pero ni siquiera donde los soberanos legislaban personalmente sin ninguna oposición se puede decir que tuvieran un poder absoluto, ya que, careciendo de una administración adecuada, no tenían capacidad para controlar el territorio mucho más allá de la corte.
Una de las consecuencias más graves de la debilidad del poder estatal era la hacienda. El período que va entre 1689 y 1815 la cantidad de guerras que hubo fueron mucho más numerosas que en años anteriores. Por otra parte, la guerra se había hecho más cara. La necesidad de hacer frente a esta carga económica obligaba a aumentar la presión tributaria y organizar una estructura de hacienda capaz de recaudar grandes suma de ingresos.
Las monarquías que pudieron adaptarse a las nuevas exigencias de las guerras han tenido una transición más tranquila que las que no pudieron adaptarse. Un caso de adaptación fue Inglaterra, por otro lado España y Francia sufrieron revoluciones (en Francia terminó con la Revolución Francesa).
La nación.
Definir qué es una nación es sumamente dificultoso, en cambio “nacionalismo” es mucho más simple.
El nacionalismo es una fuerza que nace de la adhesión de los hombres a una idea. Pero una fuerza es, al principio, neutral: no es buena ni mala. Que sea una cosa u otra depende de la finalidad a la que se le aplique.
Otra confusión es la de identificar al nacionalismo, que implica una voluntad de participación del individuo en los proyectos de actividad colectiva de un grupo, con el patriotismo, que es un sentimiento primario de lealtad al grupo que suele manifestarse en la defensa de su prestigio en relación con otros y que en el pasado podía centrarse en la figura del rey como jefe de la nación en la lucha contra los extranjeros.
Hay visiones étnicas del origen de las naciones, y es evidente que hay casos en que la etnia puede proporcionar lo fundamental de una conciencia natural, como a ocurrido en muchos pueblos colonizados.
Se considera en general que la existencia de un pasado cultural compartido (la lengua, las costumbres, una visión común de la historia) es una condición necesaria para la nacionalidad. Pero estos signos de identificación son históricos: han nacido de una evolución y pueden cambiar, desaparecer o recuperarse en determinados momentos.
Cuando se dice que la nación es un invento moderno, posterior a la Revolución Francesa, se está confundiendo con el estado-nación. La nación es un fenómeno más antiguo y más complejo. Nace de unos elementos culturales que suelen ser muy anteriores y de la historia, entendida como el resultado de una evolución acumulada que se refleja en las realidades sociales que rodean a los hombres.
Todo eso forma la materia sobre la cual se puede edificar una conciencia nacional. Es necesario que una colectividad reivindique que estos rasgos de identidad, que otras muchas han olvidado por completo, y esto lo hace cuando un conjunto suficientemente grande de sus miembros siente que merece la pena recuperar esos signos distintivos, que les unen entre sí y les separan y diferencian de otros.
La nación nace de una voluntad colectiva: hay una nación cuando un grupo suficientemente numeroso de hombres y mujeres deciden que ellos forman parte de una nación; que creen tener rasgos en común que los hacen parecidos entre sí y los diferencian de otros. Según algunos autores, el “estado” es una “máquina”, mientras que la nación es “la toma de conciencia de un pasado tradicional por parte de grupos reunidos, de forma voluntaria o por la fuerza, en un mismo marco y que experimenta la acción cohesionadora cotidiana de la vida en común”.
El estado-nación.
De la conmoción de la Revolución Francesa salió un nuevo modelo de estado que recogía y modernizaba los principios de los sistemas representativos, con una constitución escrita que definía las reglas del juego político.
El rasgo más importante de esta nueva forma de estado era el hecho de que se identificaba con la nación y basaba el pacto social en la pertenencia del conjunto de sus miembros a una colectividad con una cultura, una historia y una lengua comunes.
No se trata del resultado de la actuación de un grupo de hombres que, sintiéndose miembros de una nación común, han construido un estado. En general ha sucedido al revés. Son los viejos estados del absolutismo los que, al ver erosionarse el consenso de las monarquías de origen divino en que se fundamentaban, han optado por transformarse, convirtiéndose en naciones.
En la nueva sociedad “nacional” los hombres, que se han convertido en iguales ante la ley, dejan de definirse por el hecho de ser súbditos de u soberano para ser miembros iguales de una colectividad de ciudadanos “eterna”, porque se basa en la historia.
Para reforzar este sentido de identidad se inventaron los himnos nacionales, las banderas y toda retórica del patriotismo.
Pasar de la vieja a la nueva conciencia, de súbdito de un rey a un ciudadano de una nación, no era difícil en los casos que el estado coincida con un marco cultural relativamente homogéneo. Pero en otros casos se daban situaciones diferentes: la de los estados plurinacionales y la de naciones sin estado.
Cuando un estado plurinacional, como eran la mayoría de los europeos, quería transformarse en nación, tenía que formar una nacionalidad englobante que correspondiese a los límites del estado, y se esforzaba en convencer al conjunto de los ciudadanos de que esta nación era la de todos ellos.
Hay dos aspectos del estado-nación que conviene examinar: el de la autonomía del estado. Calificar al estado de autónomo significa que se supone que es una entidad neutral, sin implicaciones en los intereses de ningún grupo social concreto: un árbrito por encima de todos ellos. Los textos legales se presentan habitualmente como decisiones dictadas por los gobernantes sin otra preocupación de la de conseguir el beneficio conjunto de los ciudadanos. El estado habla en nombre de todos, pero sirve muchas veces a los intereses de determinados grupos sociales y perjudica a otros.
Los imperios y colonias.
El estadio superior del estado-nación moderno ha sido el imperio, ya no como una reunión de territorios bajo un mismo dominio personal, como eran los imperios del pasado, sino como un proyecto destinado a favorecer el crecimiento económico de la metrópoli con la explotación de unas colonias que la proveen de materias primas y consumen sus manufacturas.
La legitimación del imperio se basaba en la idea de que lo que los pueblos avanzados se proponían era civilizar a los atrasados para ponerlos en el camino del desarrollo moderno.
Pero lo cierto es que el tipo de desarrollo económico que los colonizadores fomentaron no tenía otro objetivo que producir mercancía para la exportación, desentendiéndose por completo del sector que producía alimentos y bienes para el consumo interno de los habitantes de las colonias. Lo que estos países necesitaban, por el contrario, era que se aumentara la productividad en el sector interior, y ésta era tan baja que se hubiera podido conseguir con muy pequeñas inversiones. En lugar de esto, las inversiones de las metrópolis se destinaban a grandes obras para facilitar las exportaciones o a grandiosos y fracasados proyectos de cultura comercial.
Apogeo y crisis del estado.
El estado-nación asumió a partir del siglo XIX nuevas tareas y nuevas responsabilidades. Ejercía, por una parte, una función de arbitraje entre los intereses contrapuestos de los diversos grupos sociales. Resultó necesario, por ejemplo, que impusiera normas que controlaran la explotación de los trabajadores asalariados si se querían conseguir que éstos aceptasen las reglas del juego económico. Y comenzó a proporcionar, por otra parte, una serie de servicios sociales a la población más desfavorecida, utilizando para ello los ingresos que obtenía de una tributación progresiva.
Este crecimiento del estado llegó a su punto máximo en los años que siguieron al término de la segunda guerra mundial, no sólo como consecuencia del desarrollo del llamado “estado de bienestar”, sino por el avance en los países industrializados de un tipo de economía mixta que implicaba una política de nacionalizaciones y una fuerte participación del estado en la actividad económica.
Esta situación comenzó a entrar en crisis a partir de 1975, con las dificultades económicas de los países industrializados, la incapacidad de los menos avanzados para hacer frente a las grandes deudas contraídas para financiar su crecimiento económico y el abandono del “desarrollismo” como propaganda para el progreso de los más atrasados, que no sólo han experimentado graves retrocesos en sus niveles de bienestar, sino que en algunos casos, han visto producirse el colapso de sus estados.
Desde los años ochenta se ha pasado a una visión minimalista del estado, que lleva a la privatización de muchas de sus actividades económicas a su cargo y a desmantelar buena parte de los servicios sociales que proporcionaba.
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Historia Social General,
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resumen
Practico 9 Historia Social General"Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial"
¿Cuál o cuales son las preguntas que orientan el trabajo de investigación y frente a que interpretaciones acerca de los cambios en la percepción del tiempo se las plantea?
¿Hasta qué punto, y en qué formas, afectó los cambios en el sentido del tiempo a la disciplina de trabajo, y hasta qué punto influyó en la percepción interior del tiempo de la gente trabajadora?
Si la transición a la sociedad industrial madura supuso una severa reestructuración de los hábitos de trabajo, ¿hasta qué punto está todo esto en relación con los cambios en la representación interna del tiempo?
¿Que representaciones del tiempo se producen en las sociedades primitivas; a que llama el autor “orientación al quehacer”, y que modificaciones surgen con el trabajo contratado?
Entre los pueblos primitivos la medida del tiempo está generalmente relacionada con los procesos habituales del ciclo del trabajo o tareas domésticas. De esta forma se desarrollan los términos en que se miden los intervalos de tiempo:
• En Madagascar una forma de medir el tiempo es “una cocción de arroz” (media hora) o “la fritura de una langosta” (un momento).
• En Chile del S. XVII, el tiempo se medía con la frecuencia en credos.
• En Birmania, los monjes se levantaban al amanecer “cuando hay suficiente luz para ver las venas de las manos”.
La orientación al quehacer se refiere a las distintas notaciones del tiempo que proporcionan las diferentes situaciones de trabajo y su relación con los “ritmos naturales” en sociedades campesinas y en industrias pequeñas y domésticas. Ej.: Los cazadores utilizan ciertas horas de la noche para colocar sus trampas, los pueblos pescadores y marineros tienen que integrar sus vidas a las mareas.
Hay dos puntos sobre la orientación del quehacer:
• En cierto sentido, es más comprensible humanamente que el trabajo regulado por horas. El campesino o trabajador parece ocuparse de lo que es una necesidad constatada.
• Parece mostrar una demarcación menor entre “trabajo” y “vida”. Las relaciones sociales y el trabajo están entremezclados y no hay diferencias entre “trabajo” y pasar el tiempo”.
La orientación al quehacer se hace más compleja cuando el trabajo es contratado. La economía familiar del pequeño agricultor puede estar en términos generales orientada al quehacer; pero dentro de ella puede existir una división del trabajo, así como una relación patrón-empleado entre el campesino y sus hijos. Incluso en este caso empieza el tiempo a convertirse en dinero, dinero del patrón: el tiempo es reducido a dinero.
¿Que implicancias socio-culturales tuvo la difusión del uso de relojes desde el S XIV?
Desde el S. XIV en adelante se erigieron relojes en iglesias y lugares públicos. Durante el S. XVII las iglesias tocaban las campanas al alba y al toque de queda. En los distritos textiles se utilizaban los cuernos de las fábricas para despertar a la gente por la mañana.
En cuanto a relojes de bolsillo, por esa época eran todavía muy imprecisos pero su uso se preferían por los adornos y la riqueza de su diseño a la mera funcionalidad.
El registro del tiempo pertenecía a mediados del siglo a la gente acomodada, patronos, agricultores y comerciantes; y es posible que la complejidad de los diseños y la preferencia por los metales preciosos, fueran formas intencionadas de acentuar el simbolismo de estatus.
Había muchas maquinarias para medir el tiempo hacia 1800: el énfasis se iba trasladando de “lujo” a la “conveniencia”. Se generalizó el uso de los relojes en el momento exacto en que la Revolución Industrial exigía una mayor sincronización del trabajo.
Además, el reloj era el banco del pobre, una inversión de sus ahorros; en épocas malas podía venderse o empeñarse.
¿Por qué sostiene el autor que el ciclo irregular de la semana de trabajo provocaba los lamentos de los moralistas y mercantilistas del S XVII y XVIII? ¿Que relación se puede establecer con el disciplinamiento del trabajo y la organización obrera?
La atención que se presta al tiempo en la labor depende en gran medida de la necesidad de sincronización del trabajo. Pero mientras las industrias manufactureras se mantuvieron en una escala doméstica o de pequeño taller, sin una intrincada subdivisión de la producción, el grado de sincronización que se requería era leve, y prevalecía la orientación al quehacer.
Un mismo trabajador o grupo familiar tenían una multiplicidad de tareas subsidiarias en una cabaña o taller. Incluso en talleres mayores, los hombres trabajaban en ocasiones en labores distintas en sus propias bancas o telares, y podían permitirse cierta flexibilidad en las entradas y salidas. Esta irregularidad general debe inscribirse en el ciclo irregular de la semana de trabajo que provocaban tantos lamentos de moralistas y mercantilistas en los siglos XVII y XVIII.
En la norma de trabajo se alternaban las tandas de trabajo intenso con la ociosidad, donde quiera que los hombres controlaran sus propias vidas con respecto a su trabajo.
También existía el San Lunes, de pocos oficios se dice que no hagan honor a San Lunes: zapateros, alfareros, sastres, carboneros, trabajadores de imprenta, calceteros, cuchilleros, etc. Parece ser que, de hecho, San Lunes era venerado casi universalmente dondequiera que existieran industrias en pequeña escala, domésticas y a domicilio; se observaba generalmente en las minas y alguna vez continuó en industrias fabriles y pesadas. Este ritmo de trabajo irregular se asocia generalmente al abundante beber del fin de semana: San Lunes es uno de los blancos de muchos tratados victorianos de abstinencia.
¿Cuál es la situación de los trabajadores rurales y las mujeres?
El bracero rural no gozaba del San Lunes. El mozo agrícola o el bracero asalariado fijo, que trabajaba sin descanso las horas estatuidas completas o más, que no poseía derechos comunales o parcela alguna y que vivía en un cottage vinculado, estaba sin duda sujeto a una intensa disciplina laboral, tanto en el S. XVII como en el XIX.
El trabajo más arduo y prolongado de la economía rural era el de la mujer del bracero. Una parte de aquél era el más orientado al quehacer. Otra parte estaba en los campos, de los cuales tenía que volver para ocuparse de nuevas tareas domésticas.
Una forma tal de trabajar era sólo soportable porque parte del mismo, los niños y la casa, se revelaba como necesario e inevitable, más que como una imposición externa.
¿Cómo señala el autor que debe entenderse la “transición” hacia la sociedad industrial capitalista, que papel desempeña la escuela al respecto, y que tipo de resistencias señala?
Es cierto que la transición a la sociedad industrial madura exige un análisis en términos sociológicos así como económicos. Nunca hubo un sólo tipo de “transición”. La tensión de ésta recae sobre la totalidad de la cultura: la resistencia al cambio y el asentamiento al mismo surge de la cultura entera. Y ésta incluye un sistema de poder, relaciones de propiedades e instituciones religiosas, etc.
Lo que se examina no sólo son los cambios producidos en las técnicas de manufactura que exigían una mayor sincronización de trabajo y mayor exactitud en la observación de las horas de todas las sociedades, sino también la vivencia de esos cambios en la sociedad del naciente capitalismo industrial.
Entre los “mandatos” de la sociedad industrial capitalista, surgían aquellas que pregonaban que “el trabajador no debe perder el tiempo ociosamente en el mercado o malgastarlo cuando compra” o que “es de perezoso pasar la mañana en la cama”. Fue sin duda un preludio de los moralistas hacia las costumbres, deportes y fiestas populares de la sociedad.
Una institución no industrial que podía emplearse para inculcar la “economía del tiempo” fue la escuela. Ésta obligaba a sus alumnos temas como la Industriosidad, Sobriedad, Orden y Regularidad. Se consideró a la educación como un “entrenamiento en el hábito de la industriosidad”; cuando el niño llegara a los seis o siete años debía estar acostumbrado al trabajo y a la fatiga.
La embestida, desde tan varias direcciones, a los antiguos hábitos de trabajo de las gentes no quedó sin oposición. En una primera etapa se encontró una simple resistencia. Pero en la siguiente, mientras se impone la nueva disciplina del tiempo, los trabajadores empiezan a luchar, no contra las horas, sino sobre ellas. En los oficios artesanos mejor organizados, no hay duda que se acortaron progresivamente las horas en el siglo XVIII con el avance del asociacionismo.
¿Cuáles son los diferentes discursos moralistas que tienden a la interiorización del disciplinamiento de la fuerza de trabajo?
Mucho antes que el reloj de bolsillo estuviera al alcance del artesano, los puritanos ofrecían su propio reloj moral interior a cada hombre.
Diversos discursos se dieron:
• El hombre se hace rico cuando ha hecho uso de su tiempo.
• El tiempo no perdura, sino que vuela rápido; pero lo que es perpetuo depende de él.
• Que tus horas de sueño sean sólo tantas como exige tu salud; pues no se debe perder un tiempo precioso con innecesaria inercia.
¿Hasta qué punto, y en qué formas, afectó los cambios en el sentido del tiempo a la disciplina de trabajo, y hasta qué punto influyó en la percepción interior del tiempo de la gente trabajadora?
Si la transición a la sociedad industrial madura supuso una severa reestructuración de los hábitos de trabajo, ¿hasta qué punto está todo esto en relación con los cambios en la representación interna del tiempo?
¿Que representaciones del tiempo se producen en las sociedades primitivas; a que llama el autor “orientación al quehacer”, y que modificaciones surgen con el trabajo contratado?
Entre los pueblos primitivos la medida del tiempo está generalmente relacionada con los procesos habituales del ciclo del trabajo o tareas domésticas. De esta forma se desarrollan los términos en que se miden los intervalos de tiempo:
• En Madagascar una forma de medir el tiempo es “una cocción de arroz” (media hora) o “la fritura de una langosta” (un momento).
• En Chile del S. XVII, el tiempo se medía con la frecuencia en credos.
• En Birmania, los monjes se levantaban al amanecer “cuando hay suficiente luz para ver las venas de las manos”.
La orientación al quehacer se refiere a las distintas notaciones del tiempo que proporcionan las diferentes situaciones de trabajo y su relación con los “ritmos naturales” en sociedades campesinas y en industrias pequeñas y domésticas. Ej.: Los cazadores utilizan ciertas horas de la noche para colocar sus trampas, los pueblos pescadores y marineros tienen que integrar sus vidas a las mareas.
Hay dos puntos sobre la orientación del quehacer:
• En cierto sentido, es más comprensible humanamente que el trabajo regulado por horas. El campesino o trabajador parece ocuparse de lo que es una necesidad constatada.
• Parece mostrar una demarcación menor entre “trabajo” y “vida”. Las relaciones sociales y el trabajo están entremezclados y no hay diferencias entre “trabajo” y pasar el tiempo”.
La orientación al quehacer se hace más compleja cuando el trabajo es contratado. La economía familiar del pequeño agricultor puede estar en términos generales orientada al quehacer; pero dentro de ella puede existir una división del trabajo, así como una relación patrón-empleado entre el campesino y sus hijos. Incluso en este caso empieza el tiempo a convertirse en dinero, dinero del patrón: el tiempo es reducido a dinero.
¿Que implicancias socio-culturales tuvo la difusión del uso de relojes desde el S XIV?
Desde el S. XIV en adelante se erigieron relojes en iglesias y lugares públicos. Durante el S. XVII las iglesias tocaban las campanas al alba y al toque de queda. En los distritos textiles se utilizaban los cuernos de las fábricas para despertar a la gente por la mañana.
En cuanto a relojes de bolsillo, por esa época eran todavía muy imprecisos pero su uso se preferían por los adornos y la riqueza de su diseño a la mera funcionalidad.
El registro del tiempo pertenecía a mediados del siglo a la gente acomodada, patronos, agricultores y comerciantes; y es posible que la complejidad de los diseños y la preferencia por los metales preciosos, fueran formas intencionadas de acentuar el simbolismo de estatus.
Había muchas maquinarias para medir el tiempo hacia 1800: el énfasis se iba trasladando de “lujo” a la “conveniencia”. Se generalizó el uso de los relojes en el momento exacto en que la Revolución Industrial exigía una mayor sincronización del trabajo.
Además, el reloj era el banco del pobre, una inversión de sus ahorros; en épocas malas podía venderse o empeñarse.
¿Por qué sostiene el autor que el ciclo irregular de la semana de trabajo provocaba los lamentos de los moralistas y mercantilistas del S XVII y XVIII? ¿Que relación se puede establecer con el disciplinamiento del trabajo y la organización obrera?
La atención que se presta al tiempo en la labor depende en gran medida de la necesidad de sincronización del trabajo. Pero mientras las industrias manufactureras se mantuvieron en una escala doméstica o de pequeño taller, sin una intrincada subdivisión de la producción, el grado de sincronización que se requería era leve, y prevalecía la orientación al quehacer.
Un mismo trabajador o grupo familiar tenían una multiplicidad de tareas subsidiarias en una cabaña o taller. Incluso en talleres mayores, los hombres trabajaban en ocasiones en labores distintas en sus propias bancas o telares, y podían permitirse cierta flexibilidad en las entradas y salidas. Esta irregularidad general debe inscribirse en el ciclo irregular de la semana de trabajo que provocaban tantos lamentos de moralistas y mercantilistas en los siglos XVII y XVIII.
En la norma de trabajo se alternaban las tandas de trabajo intenso con la ociosidad, donde quiera que los hombres controlaran sus propias vidas con respecto a su trabajo.
También existía el San Lunes, de pocos oficios se dice que no hagan honor a San Lunes: zapateros, alfareros, sastres, carboneros, trabajadores de imprenta, calceteros, cuchilleros, etc. Parece ser que, de hecho, San Lunes era venerado casi universalmente dondequiera que existieran industrias en pequeña escala, domésticas y a domicilio; se observaba generalmente en las minas y alguna vez continuó en industrias fabriles y pesadas. Este ritmo de trabajo irregular se asocia generalmente al abundante beber del fin de semana: San Lunes es uno de los blancos de muchos tratados victorianos de abstinencia.
¿Cuál es la situación de los trabajadores rurales y las mujeres?
El bracero rural no gozaba del San Lunes. El mozo agrícola o el bracero asalariado fijo, que trabajaba sin descanso las horas estatuidas completas o más, que no poseía derechos comunales o parcela alguna y que vivía en un cottage vinculado, estaba sin duda sujeto a una intensa disciplina laboral, tanto en el S. XVII como en el XIX.
El trabajo más arduo y prolongado de la economía rural era el de la mujer del bracero. Una parte de aquél era el más orientado al quehacer. Otra parte estaba en los campos, de los cuales tenía que volver para ocuparse de nuevas tareas domésticas.
Una forma tal de trabajar era sólo soportable porque parte del mismo, los niños y la casa, se revelaba como necesario e inevitable, más que como una imposición externa.
¿Cómo señala el autor que debe entenderse la “transición” hacia la sociedad industrial capitalista, que papel desempeña la escuela al respecto, y que tipo de resistencias señala?
Es cierto que la transición a la sociedad industrial madura exige un análisis en términos sociológicos así como económicos. Nunca hubo un sólo tipo de “transición”. La tensión de ésta recae sobre la totalidad de la cultura: la resistencia al cambio y el asentamiento al mismo surge de la cultura entera. Y ésta incluye un sistema de poder, relaciones de propiedades e instituciones religiosas, etc.
Lo que se examina no sólo son los cambios producidos en las técnicas de manufactura que exigían una mayor sincronización de trabajo y mayor exactitud en la observación de las horas de todas las sociedades, sino también la vivencia de esos cambios en la sociedad del naciente capitalismo industrial.
Entre los “mandatos” de la sociedad industrial capitalista, surgían aquellas que pregonaban que “el trabajador no debe perder el tiempo ociosamente en el mercado o malgastarlo cuando compra” o que “es de perezoso pasar la mañana en la cama”. Fue sin duda un preludio de los moralistas hacia las costumbres, deportes y fiestas populares de la sociedad.
Una institución no industrial que podía emplearse para inculcar la “economía del tiempo” fue la escuela. Ésta obligaba a sus alumnos temas como la Industriosidad, Sobriedad, Orden y Regularidad. Se consideró a la educación como un “entrenamiento en el hábito de la industriosidad”; cuando el niño llegara a los seis o siete años debía estar acostumbrado al trabajo y a la fatiga.
La embestida, desde tan varias direcciones, a los antiguos hábitos de trabajo de las gentes no quedó sin oposición. En una primera etapa se encontró una simple resistencia. Pero en la siguiente, mientras se impone la nueva disciplina del tiempo, los trabajadores empiezan a luchar, no contra las horas, sino sobre ellas. En los oficios artesanos mejor organizados, no hay duda que se acortaron progresivamente las horas en el siglo XVIII con el avance del asociacionismo.
¿Cuáles son los diferentes discursos moralistas que tienden a la interiorización del disciplinamiento de la fuerza de trabajo?
Mucho antes que el reloj de bolsillo estuviera al alcance del artesano, los puritanos ofrecían su propio reloj moral interior a cada hombre.
Diversos discursos se dieron:
• El hombre se hace rico cuando ha hecho uso de su tiempo.
• El tiempo no perdura, sino que vuela rápido; pero lo que es perpetuo depende de él.
• Que tus horas de sueño sean sólo tantas como exige tu salud; pues no se debe perder un tiempo precioso con innecesaria inercia.
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Practico 8 Historia Social General"Industria e Imperio(Revolucion Industrial)"
Capítulo 1.
El origen de la revolución industrial.
Para afrontar el origen de la revolución industrial hay que tener en cuenta dos cosas:
1. Esta revolución no es simplemente una aceleración del crecimiento económico, sino una aceleración del crecimiento determinada y conseguida por la transformación económica y social.
2. La revolución industrial fue la primera de la historia. Eso no significa que partiera de cero, o que no puedan hallarse en ellas fases primitivas de rápido desarrollo industrial y tecnológico. Sin embargo, ninguna de ellas inició la característica fase moderna de la historia, el crecimiento económico auto-sostenido por medio de una constante revolución tecnológica y transformación social.
Las revoluciones industriales que siguieron pudieron utilizar la experiencia, el ejemplo y los recursos británicos. Gran Bretaña sólo pudo aprovechar las de los otros países en proporción mucho menor y de forma muy limitada.
Existen numerosas explicaciones o pseudo-explicaciones tratando de explicar el origen de esta revolución, pero sólo traen más interrogantes. Son aquellas que tratan de explicar la revolución industrial en términos explícitos de clima, geografía, política, cambio biológico en la población u otros factores exógenos. Rechazar estos factores como explicaciones simples, exclusivas o primarias no es negarle toda importancia. Pero simplemente lo que se quiere es establecer escalas de importancia relativas.
Las principales condiciones previas para la industrialización ya estaban presentes en la Inglaterra del XVIII.
• Los vínculos económicos, sociales e ideológicos que inmovilizaron a la mayoría de las gentes preindustriales en situaciones y ocupaciones tradicionales ya eran débiles y podían ser desterrados con facilidad.
• El país había acumulado un excedente lo bastante amplio como para permitir la necesaria inversión en un equipo no muy costoso para la transformación económica y, además, poseía un extenso sector manufacturero desarrollado y un aparato comercial todavía más desarrollado.
• No requirieron trabajadores con cualificaciones científicas especializadas, sino meramente los hombres suficientes, de ilustración normal, que estuvieran familiarizados con instrumentos mecánicos sencillos y el trabajo de los metales.
• Requerían poca inversión inicial y su expansión podía financiarse con los beneficios acumulados. El desarrollo industrial estaba dentro de las capacidades de una multiplicidad de pequeños empresarios y artesanos cualificados tradicionales.
Un importante factor de la revolución industrial fue el avance tecnológico y esto va relacionado con la obtención de beneficio. A saber, las fábricas revolucionaban su forma de producción (mediante nuevas tecnologías) con el único fin de conseguir mayores beneficios. Su inversión en la creación de nuevas tecnologías se basaba en este único fin.
Pero en las sociedades pre-industriales su beneficio consistía en la venta de artículos de lujo a pequeñas cantidades de personas, productos artesanales y generalmente caras. Las nuevas tecnologías permitieron lograr una mayor producción, a costos más bajos por la producción en serie y orientado a las masas. Un siglo de industrialización demostró que la producción masiva de productos baratos puede multiplicar sus mercados, acostumbrar a la gente a comprar mejores artículos que sus padres y crear nuevas necesidades.
Hubo tres factores esenciales que posibilitaron las condiciones necesarias para revolucionar la producción: el mercado interior, el exterior y la acción del gobierno sobre estas dos.
Mercado interior.
Los ingresos medios de los ingleses aumentaron sustancialmente en la primera mitad del siglo XVIII, gracias a que la población paró su crecimiento y a la falta de trabajadores. La gente estaba en mejor posición y podía comprar más. Es muy probable que en este período muchos ingleses aprendieran a “cultivar nuevas necesidades y establecer nuevos niveles de expectación”.
El mercado interior proporcionó una salida importante para lo que mas tarde se convirtieron en productos básicos. El consumo de carbón se realizó casi enteramente en el gran número de hogares urbanos, especialmente londinenses; el hierro se refleja en la demanda de enseres domésticos como pucheros, cacerolas, clavos, estufas, etc.
La principal ventaja de este mercado era su gran tamaño y estabilidad. Fue indudable que promovió el crecimiento económico y siempre estuvo en condiciones de desempeñar el papel de amortiguador para las industrias de exportación más dinámicas frente a las repentinas fluctuaciones y colapsos que eran el precio que tenían que pagar por superior dinamismo.
Mercado exterior.
Las industrias para la exportación trabajaban de manera muy distinta y potencialmente mucho más revolucionaria. A la larga, estas industrias se extendieron más y con mayor rapidez que las de los mercados interiores. La demanda interior crecía, pero la exterior se multiplicaba. La manufactura del algodón, primera que se industrializó, estaba vinculada esencialmente al comercio ultramarino.
Este extraordinario potencial expansivo se debía a que las industrias de exportación dependían del modesto índice “natural” de crecimiento de cualquier demanda interior del país. Podían crear la ilusión de un rápido crecimiento por dos motivos principales: controlando una serie de mercado de exportación en otros países y destruyendo la competencia interior dentro de otros a través de medios políticos de guerra y colonización.
Gobierno.
La conquista de mercados por la guerra y la colonización requería no sólo una economía capaz de explotar esos mercados, sino también un gobierno dispuesto a financiar ambos sistemas de penetración en beneficio de los manufactureros británicos. Inglaterra está dispuesta a subordinar toda la política exterior a sus fines económicos.
El resultado de un ciclo de guerras intermitentes fue la formación de monopolios virtuales de las colonias ultramarinas y del poder naval a escala mundial. Además, la guerra misma, al desmantelar los principales competidores de Inglaterra en Europa, tendió a aumentar las exportaciones; la paz, por el contrario, tendía a reducirlas. La guerra contribuyó aún más directamente a la innovación tecnológica y a la industrialización. Para finalizar, es necesario advertir que el gobierno británico tuvo una tendencia a proteger la industria nacional con la negación de importaciones de competencia extranjera.
Sintetizando: las exportaciones, respaldadas por el gobierno proporcionaron la chispa para el comienzo de la revolución industrial. Dichas exportaciones indujeron mejoras en el transporte marítimo. El mercado interior proporcionó la base necesaria para una economía industrial generalizada, una amplia plataforma para la industria del carbón y para ciertas innovaciones tecnológicas. El gobierno ofreció su apoyo sistemático al comerciante y al manufacturero y determinados incentivos para la innovación técnica y el desarrollo de las industrias de base.
Capítulo 2.
La revolución industrial, 1780 - 1840.
El algodón fue el iniciador del cambio industrial y la base de las primeras regiones que no hubieran existido a no ser por la industrialización, y que determinaron una nueva forma de sociedad, el capitalismo industrial, basada en una nueva forma de producción, la fábrica.
La manufactura del algodón fue un típico producto secundario derivado de la dinámica corriente de comercio internacional, sobre todo colonial, sin la que la revolución industrial no puede explicarse. El algodón en bruto que se usó en Europa mezclado con lino para hacer una versión más económica era casi enteramente colonial. La única industria de algodón puro conocida por Europa a principios del Siglo XVIII era la de la India.
La industria lanera inglesa logró que en 1700 se prohibiera su importación, consiguiendo así accidentalmente para los futuros manufactureros nacionales del algodón una suerte de vía libre en el mercado interior.
El algodón fue esencialmente y de modo duradero una industria de exportación. En esta época, la industria del algodón era la mejor del mundo pero acabó apoyándose no en su superioridad competitiva, sino en el monopolio de los mercados coloniales subdesarrollados que el imperio británico, la flota y su supremacía comercial le otorgaban.
La tecnología de la manufactura algodonera fue pues muy sencilla, como también lo fueron la mayor parte del resto de los cambios que colectivamente produjeron la Revolución industrial. Esta tecnología requería pocos conocimientos científicos o una especialización técnica superior a la mecánica práctica de principios del siglo XVIII.
Las viejas ideas aplicadas a la nueva tecnología producían resultados sorprendentes. Esta situación fue muy afortunada ya que dio a la revolución industrial inicial un impulso inmenso, quizás esencial, y la puso al alcance de un cuerpo de empresarios y artesanos cualificados, no especialmente ilustrados, sutiles o ricos. En otras palabras, esta situación minimizó los requisitos básicos de especialización, de capital, de finanzas a gran escala o de organización y planificación gubernamentales sin lo cual ninguna industrialización es posible. En ninguna etapa se conoció la escasez de gentes competentes para trabajar los metales, los técnicos más cualificados podían reclutarse rápidamente de entre los hombres con experiencia práctica de taller.
“Como consecuencia de las grandes transformaciones económicas derivadas de la Revolución Industrial, se produjeron también significativos cambios sociales, por ejemplo, la aparición de las fábricas y el crecimiento de las ciudades.
La industria doméstica y los talleres artesanales desaparecieron por la introducción y la instalación de numerosas fábricas. Esto obedeció a que la industria tradicional no podía competir contra las fábricas.
El desarrollo de la industria atrajo a miles de campesinos, los cuales emigraron del medio rural a las ciudades en busca de trabajo. Los centros urbanos crecieron con gran rapidez y de manera desordenada.
A medida que avanzó la urbanización se agudizó la separación entre los grupos acomodados, que habitaban en barrios confortables, y los obreros, condenados por la miseria a apretujarse en hileras de casas malolientes. El aire impuro que se respiraba en los barrios obreros y la carencia de servicios elementales, como agua potable y drenaje, acortaba la vida de sus habitantes.
Así, que las transformaciones ocurridas en Inglaterra propiciaron el surgimiento de la clase obrera y de la burguesía industrial en la segunda mitad del siglo XVIII”.
Es así que apareció un nuevo sistema industrial basado en una combinación entre una nueva tecnología y la vieja. El capital acumulado en la industria sustituyó a las hipotecas rurales y a los ahorros de los posaderos, los ingenieros a los inventivos constructores de telares, los telares mecánicos a los manuales y un proletariado fabril a la combinación de unos pocos establecimientos mecanizados con una masa de trabajadores domésticos dependientes.
Hay que mencionar dos consecuencias producidas por estos cambios:
• La primera hace referencia a la descentralizada y desintegrada estructura comercial de la industria algodonera, producto de su emergencia a partir de las actividades no planificadas de unos pocos. Surgió como un complejo de empresas de tamaño medio especializadas: comerciantes de varias clases, hiladores, tejedores, tintoreros, acabadores, blanqueadores, estampadores, etc., con frecuencia especializados incluso dentro de sus ramos, vinculados entre sí por una compleja red de transacciones comerciales individuales en “el mercado”.
• La segunda consecuencia fue el desarrollo de un fuerte movimiento de asociación obrera en una industria caracterizada normalmente por una organización laboral inestable, ya que empleaba una fuerza de trabajo consistente sobre todo en mujeres y niños, inmigrantes no cualificados, etc.
Pero también podemos identificar tres características fundamentales del sistema industrial:
• La división de la población industrial entre empresarios capitalistas y obreros que no tenían más que su fuerza de trabajo, que vendían a cambio de un salario.
• La producción en la “fábrica”, una combinación de máquinas especializadas con trabajo humano especializado.
• La sujeción de toda la economía a los fines de los capitalistas y la acumulación de beneficios.
También surgieron las “capas medias de la sociedad” y estaban compuestas por gentes deseosas de hacer beneficios, la mayoría vivían tan solo del trabajo asalariado, a pesar de un nutrido grupo compuesto aún por versiones degeneradas de artesanos antiguamente independientes, pegujaleros en busca de trabajo para sus horas libres, minúsculos empresarios que disponían de tiempo, etc.
Capítulo 4.
Los resultados humanos de la revolución industrial.
La revolución industrial tuvo fuerte impacto en la sociedad, pero las diversas clases sociales sufrieron de manera diferente estos cambios.
Así, la industrialización británica afectó escasamente a la aristocracia y pequeña nobleza. Su predominio social permaneció intacto, su poder político en el campo completo, e incluso su poder a escala nacional no sufrió alteraciones sensibles, aunque a partir de 1830 hubieran de tener miramientos con las susceptibilidades de una clase media provinciana, poderosa y combativa.
La iglesia y las universidades inglesas se dormían en los laureles de sus privilegios y abusos, bien amparados por sus rentas y sus relaciones con los pares.
La gran masa de gentes que se elevan desde inicios modestos a la opulencia comercial, y la mayor masa de los que, por debajo de ellos, pugnaban por entrar en las filas de la clase media y escapar de las humildes, eran demasiado numerosas como para poder ser absorbidas, cosa que, además, en las primeras etapas de su progreso, no les preocupaba. Este grupo fue adquiriendo cada vez mayor conciencia como “clase media” y no ya como una “capa media” de la sociedad, conciencia que se fue generalizando a partir de 1830.
La clase media triunfante y aquellos que aspiraban a emularla estaban satisfechos. No así el trabajador pobre cuyo mundo y formas de vida tradicionales destruyó la revolución industrial, sin ofrecerle nada a cambio.
El trabajo en una sociedad industrial es completamente distinto del preindustrial. En primer lugar está constituido por la labor de los proletarios, que no tienen otra fuente de ingresos digna de mención más que el salario en metálico que perciben por su trabajo. Por otra parte, el trabajo pre-industrial lo desempeñan fundamentalmente familias con sus propias tierras de labor, cuyos ingresos salariales complementan su acceso directo a los medios de producción o bien éste complementa a aquéllos. Además el proletario, cuyo único vínculo con su patrono es un “nexo dinerario”, debe ser distinguido del “servidor” o dependiente pre-industrial, que tenía una relación social y humana mucho más compleja con su dueño. La revolución sustituyó al servidor y al hombre por el “operario” y el “brazo” excepto claro está en el servicio doméstico.
En segundo lugar, el trabajo industrial impone una regularidad, rutina y monotonía completamente distintas de los ritmos de trabajo pre-industriales, trabajo que dependía de la variación de las estaciones o del tiempo. La industria trajo consigo la tiranía del reloj, la máquina que señalaba el ritmo de trabajo y la compleja y cronometrada interacción de los procesos.
En tercer lugar, el trabajo en la época industrial se realizaba cada vez con mayor frecuencia en los alrededores de la ciudad; y con ello pese a que la más antigua de las revoluciones industriales desarrolló buena parte de sus actividades en pueblos industrializados de mineros, tejedores, productores de clavos y cadenas y otros obreros especializados.
En cuarto lugar, la experiencia, tradición, sabiduría y moralidad pre-industriales no proporcionaban una guía adecuada para el tipo de comportamiento idóneo en una economía capitalista. El trabajador pre-industrial respondía a incentivos materiales, en tanto que deseaba ganar lo suficiente para disfrutar de lo que le correspondía en el nivel social que Dios había requerido otorgarle, pero incluso sus ideas sobre la comodidad estaban determinadas por el pasado y limitadas por lo que era “idóneo” para uno de su condición social.
El origen de la revolución industrial.
Para afrontar el origen de la revolución industrial hay que tener en cuenta dos cosas:
1. Esta revolución no es simplemente una aceleración del crecimiento económico, sino una aceleración del crecimiento determinada y conseguida por la transformación económica y social.
2. La revolución industrial fue la primera de la historia. Eso no significa que partiera de cero, o que no puedan hallarse en ellas fases primitivas de rápido desarrollo industrial y tecnológico. Sin embargo, ninguna de ellas inició la característica fase moderna de la historia, el crecimiento económico auto-sostenido por medio de una constante revolución tecnológica y transformación social.
Las revoluciones industriales que siguieron pudieron utilizar la experiencia, el ejemplo y los recursos británicos. Gran Bretaña sólo pudo aprovechar las de los otros países en proporción mucho menor y de forma muy limitada.
Existen numerosas explicaciones o pseudo-explicaciones tratando de explicar el origen de esta revolución, pero sólo traen más interrogantes. Son aquellas que tratan de explicar la revolución industrial en términos explícitos de clima, geografía, política, cambio biológico en la población u otros factores exógenos. Rechazar estos factores como explicaciones simples, exclusivas o primarias no es negarle toda importancia. Pero simplemente lo que se quiere es establecer escalas de importancia relativas.
Las principales condiciones previas para la industrialización ya estaban presentes en la Inglaterra del XVIII.
• Los vínculos económicos, sociales e ideológicos que inmovilizaron a la mayoría de las gentes preindustriales en situaciones y ocupaciones tradicionales ya eran débiles y podían ser desterrados con facilidad.
• El país había acumulado un excedente lo bastante amplio como para permitir la necesaria inversión en un equipo no muy costoso para la transformación económica y, además, poseía un extenso sector manufacturero desarrollado y un aparato comercial todavía más desarrollado.
• No requirieron trabajadores con cualificaciones científicas especializadas, sino meramente los hombres suficientes, de ilustración normal, que estuvieran familiarizados con instrumentos mecánicos sencillos y el trabajo de los metales.
• Requerían poca inversión inicial y su expansión podía financiarse con los beneficios acumulados. El desarrollo industrial estaba dentro de las capacidades de una multiplicidad de pequeños empresarios y artesanos cualificados tradicionales.
Un importante factor de la revolución industrial fue el avance tecnológico y esto va relacionado con la obtención de beneficio. A saber, las fábricas revolucionaban su forma de producción (mediante nuevas tecnologías) con el único fin de conseguir mayores beneficios. Su inversión en la creación de nuevas tecnologías se basaba en este único fin.
Pero en las sociedades pre-industriales su beneficio consistía en la venta de artículos de lujo a pequeñas cantidades de personas, productos artesanales y generalmente caras. Las nuevas tecnologías permitieron lograr una mayor producción, a costos más bajos por la producción en serie y orientado a las masas. Un siglo de industrialización demostró que la producción masiva de productos baratos puede multiplicar sus mercados, acostumbrar a la gente a comprar mejores artículos que sus padres y crear nuevas necesidades.
Hubo tres factores esenciales que posibilitaron las condiciones necesarias para revolucionar la producción: el mercado interior, el exterior y la acción del gobierno sobre estas dos.
Mercado interior.
Los ingresos medios de los ingleses aumentaron sustancialmente en la primera mitad del siglo XVIII, gracias a que la población paró su crecimiento y a la falta de trabajadores. La gente estaba en mejor posición y podía comprar más. Es muy probable que en este período muchos ingleses aprendieran a “cultivar nuevas necesidades y establecer nuevos niveles de expectación”.
El mercado interior proporcionó una salida importante para lo que mas tarde se convirtieron en productos básicos. El consumo de carbón se realizó casi enteramente en el gran número de hogares urbanos, especialmente londinenses; el hierro se refleja en la demanda de enseres domésticos como pucheros, cacerolas, clavos, estufas, etc.
La principal ventaja de este mercado era su gran tamaño y estabilidad. Fue indudable que promovió el crecimiento económico y siempre estuvo en condiciones de desempeñar el papel de amortiguador para las industrias de exportación más dinámicas frente a las repentinas fluctuaciones y colapsos que eran el precio que tenían que pagar por superior dinamismo.
Mercado exterior.
Las industrias para la exportación trabajaban de manera muy distinta y potencialmente mucho más revolucionaria. A la larga, estas industrias se extendieron más y con mayor rapidez que las de los mercados interiores. La demanda interior crecía, pero la exterior se multiplicaba. La manufactura del algodón, primera que se industrializó, estaba vinculada esencialmente al comercio ultramarino.
Este extraordinario potencial expansivo se debía a que las industrias de exportación dependían del modesto índice “natural” de crecimiento de cualquier demanda interior del país. Podían crear la ilusión de un rápido crecimiento por dos motivos principales: controlando una serie de mercado de exportación en otros países y destruyendo la competencia interior dentro de otros a través de medios políticos de guerra y colonización.
Gobierno.
La conquista de mercados por la guerra y la colonización requería no sólo una economía capaz de explotar esos mercados, sino también un gobierno dispuesto a financiar ambos sistemas de penetración en beneficio de los manufactureros británicos. Inglaterra está dispuesta a subordinar toda la política exterior a sus fines económicos.
El resultado de un ciclo de guerras intermitentes fue la formación de monopolios virtuales de las colonias ultramarinas y del poder naval a escala mundial. Además, la guerra misma, al desmantelar los principales competidores de Inglaterra en Europa, tendió a aumentar las exportaciones; la paz, por el contrario, tendía a reducirlas. La guerra contribuyó aún más directamente a la innovación tecnológica y a la industrialización. Para finalizar, es necesario advertir que el gobierno británico tuvo una tendencia a proteger la industria nacional con la negación de importaciones de competencia extranjera.
Sintetizando: las exportaciones, respaldadas por el gobierno proporcionaron la chispa para el comienzo de la revolución industrial. Dichas exportaciones indujeron mejoras en el transporte marítimo. El mercado interior proporcionó la base necesaria para una economía industrial generalizada, una amplia plataforma para la industria del carbón y para ciertas innovaciones tecnológicas. El gobierno ofreció su apoyo sistemático al comerciante y al manufacturero y determinados incentivos para la innovación técnica y el desarrollo de las industrias de base.
Capítulo 2.
La revolución industrial, 1780 - 1840.
El algodón fue el iniciador del cambio industrial y la base de las primeras regiones que no hubieran existido a no ser por la industrialización, y que determinaron una nueva forma de sociedad, el capitalismo industrial, basada en una nueva forma de producción, la fábrica.
La manufactura del algodón fue un típico producto secundario derivado de la dinámica corriente de comercio internacional, sobre todo colonial, sin la que la revolución industrial no puede explicarse. El algodón en bruto que se usó en Europa mezclado con lino para hacer una versión más económica era casi enteramente colonial. La única industria de algodón puro conocida por Europa a principios del Siglo XVIII era la de la India.
La industria lanera inglesa logró que en 1700 se prohibiera su importación, consiguiendo así accidentalmente para los futuros manufactureros nacionales del algodón una suerte de vía libre en el mercado interior.
El algodón fue esencialmente y de modo duradero una industria de exportación. En esta época, la industria del algodón era la mejor del mundo pero acabó apoyándose no en su superioridad competitiva, sino en el monopolio de los mercados coloniales subdesarrollados que el imperio británico, la flota y su supremacía comercial le otorgaban.
La tecnología de la manufactura algodonera fue pues muy sencilla, como también lo fueron la mayor parte del resto de los cambios que colectivamente produjeron la Revolución industrial. Esta tecnología requería pocos conocimientos científicos o una especialización técnica superior a la mecánica práctica de principios del siglo XVIII.
Las viejas ideas aplicadas a la nueva tecnología producían resultados sorprendentes. Esta situación fue muy afortunada ya que dio a la revolución industrial inicial un impulso inmenso, quizás esencial, y la puso al alcance de un cuerpo de empresarios y artesanos cualificados, no especialmente ilustrados, sutiles o ricos. En otras palabras, esta situación minimizó los requisitos básicos de especialización, de capital, de finanzas a gran escala o de organización y planificación gubernamentales sin lo cual ninguna industrialización es posible. En ninguna etapa se conoció la escasez de gentes competentes para trabajar los metales, los técnicos más cualificados podían reclutarse rápidamente de entre los hombres con experiencia práctica de taller.
“Como consecuencia de las grandes transformaciones económicas derivadas de la Revolución Industrial, se produjeron también significativos cambios sociales, por ejemplo, la aparición de las fábricas y el crecimiento de las ciudades.
La industria doméstica y los talleres artesanales desaparecieron por la introducción y la instalación de numerosas fábricas. Esto obedeció a que la industria tradicional no podía competir contra las fábricas.
El desarrollo de la industria atrajo a miles de campesinos, los cuales emigraron del medio rural a las ciudades en busca de trabajo. Los centros urbanos crecieron con gran rapidez y de manera desordenada.
A medida que avanzó la urbanización se agudizó la separación entre los grupos acomodados, que habitaban en barrios confortables, y los obreros, condenados por la miseria a apretujarse en hileras de casas malolientes. El aire impuro que se respiraba en los barrios obreros y la carencia de servicios elementales, como agua potable y drenaje, acortaba la vida de sus habitantes.
Así, que las transformaciones ocurridas en Inglaterra propiciaron el surgimiento de la clase obrera y de la burguesía industrial en la segunda mitad del siglo XVIII”.
Es así que apareció un nuevo sistema industrial basado en una combinación entre una nueva tecnología y la vieja. El capital acumulado en la industria sustituyó a las hipotecas rurales y a los ahorros de los posaderos, los ingenieros a los inventivos constructores de telares, los telares mecánicos a los manuales y un proletariado fabril a la combinación de unos pocos establecimientos mecanizados con una masa de trabajadores domésticos dependientes.
Hay que mencionar dos consecuencias producidas por estos cambios:
• La primera hace referencia a la descentralizada y desintegrada estructura comercial de la industria algodonera, producto de su emergencia a partir de las actividades no planificadas de unos pocos. Surgió como un complejo de empresas de tamaño medio especializadas: comerciantes de varias clases, hiladores, tejedores, tintoreros, acabadores, blanqueadores, estampadores, etc., con frecuencia especializados incluso dentro de sus ramos, vinculados entre sí por una compleja red de transacciones comerciales individuales en “el mercado”.
• La segunda consecuencia fue el desarrollo de un fuerte movimiento de asociación obrera en una industria caracterizada normalmente por una organización laboral inestable, ya que empleaba una fuerza de trabajo consistente sobre todo en mujeres y niños, inmigrantes no cualificados, etc.
Pero también podemos identificar tres características fundamentales del sistema industrial:
• La división de la población industrial entre empresarios capitalistas y obreros que no tenían más que su fuerza de trabajo, que vendían a cambio de un salario.
• La producción en la “fábrica”, una combinación de máquinas especializadas con trabajo humano especializado.
• La sujeción de toda la economía a los fines de los capitalistas y la acumulación de beneficios.
También surgieron las “capas medias de la sociedad” y estaban compuestas por gentes deseosas de hacer beneficios, la mayoría vivían tan solo del trabajo asalariado, a pesar de un nutrido grupo compuesto aún por versiones degeneradas de artesanos antiguamente independientes, pegujaleros en busca de trabajo para sus horas libres, minúsculos empresarios que disponían de tiempo, etc.
Capítulo 4.
Los resultados humanos de la revolución industrial.
La revolución industrial tuvo fuerte impacto en la sociedad, pero las diversas clases sociales sufrieron de manera diferente estos cambios.
Así, la industrialización británica afectó escasamente a la aristocracia y pequeña nobleza. Su predominio social permaneció intacto, su poder político en el campo completo, e incluso su poder a escala nacional no sufrió alteraciones sensibles, aunque a partir de 1830 hubieran de tener miramientos con las susceptibilidades de una clase media provinciana, poderosa y combativa.
La iglesia y las universidades inglesas se dormían en los laureles de sus privilegios y abusos, bien amparados por sus rentas y sus relaciones con los pares.
La gran masa de gentes que se elevan desde inicios modestos a la opulencia comercial, y la mayor masa de los que, por debajo de ellos, pugnaban por entrar en las filas de la clase media y escapar de las humildes, eran demasiado numerosas como para poder ser absorbidas, cosa que, además, en las primeras etapas de su progreso, no les preocupaba. Este grupo fue adquiriendo cada vez mayor conciencia como “clase media” y no ya como una “capa media” de la sociedad, conciencia que se fue generalizando a partir de 1830.
La clase media triunfante y aquellos que aspiraban a emularla estaban satisfechos. No así el trabajador pobre cuyo mundo y formas de vida tradicionales destruyó la revolución industrial, sin ofrecerle nada a cambio.
El trabajo en una sociedad industrial es completamente distinto del preindustrial. En primer lugar está constituido por la labor de los proletarios, que no tienen otra fuente de ingresos digna de mención más que el salario en metálico que perciben por su trabajo. Por otra parte, el trabajo pre-industrial lo desempeñan fundamentalmente familias con sus propias tierras de labor, cuyos ingresos salariales complementan su acceso directo a los medios de producción o bien éste complementa a aquéllos. Además el proletario, cuyo único vínculo con su patrono es un “nexo dinerario”, debe ser distinguido del “servidor” o dependiente pre-industrial, que tenía una relación social y humana mucho más compleja con su dueño. La revolución sustituyó al servidor y al hombre por el “operario” y el “brazo” excepto claro está en el servicio doméstico.
En segundo lugar, el trabajo industrial impone una regularidad, rutina y monotonía completamente distintas de los ritmos de trabajo pre-industriales, trabajo que dependía de la variación de las estaciones o del tiempo. La industria trajo consigo la tiranía del reloj, la máquina que señalaba el ritmo de trabajo y la compleja y cronometrada interacción de los procesos.
En tercer lugar, el trabajo en la época industrial se realizaba cada vez con mayor frecuencia en los alrededores de la ciudad; y con ello pese a que la más antigua de las revoluciones industriales desarrolló buena parte de sus actividades en pueblos industrializados de mineros, tejedores, productores de clavos y cadenas y otros obreros especializados.
En cuarto lugar, la experiencia, tradición, sabiduría y moralidad pre-industriales no proporcionaban una guía adecuada para el tipo de comportamiento idóneo en una economía capitalista. El trabajador pre-industrial respondía a incentivos materiales, en tanto que deseaba ganar lo suficiente para disfrutar de lo que le correspondía en el nivel social que Dios había requerido otorgarle, pero incluso sus ideas sobre la comodidad estaban determinadas por el pasado y limitadas por lo que era “idóneo” para uno de su condición social.
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Practico 5 Historia Social General"Las necesidades del capital frente a las necesidades de los seres humanos"
Al igual de otros socialistas del siglo XIX, la visión de Marx de una buena sociedad era aquella que permitiese el pleno desarrollo del potencial humano. En la versión final del Manifiesto, esa nueva sociedad se presenta como una “asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos”.
Esta idea de desarrollo del potencial humano está presente en toda la obra de Marx: la posibilidad de seres humanos ricos con necesidades humanas ricas, el potencial para producir seres humanos lo más ricos posible en cuanto a sus necesidades y capacidades.
La realización de este potencial exige el desarrollo de una sociedad en la que las personas no se consideren independientes entre sí, en la que la conscientemente reconozcamos nuestra interdependencia y cooperemos libremente sobre la base de este reconocimiento. Cuando nos relacionamos con los demás como seres humanos, producimos para todos y sentimos placer y satisfacción por el simple hecho de ser conscientes de que hacemos algo que es útil.
Las relaciones de producción capitalistas.
Según los economistas capitalistas, la competencia y los mercados aseguran que los capitalistas satisfagan las necesidades del pueblo, no por humanidad y benevolencia, sino por su propio interés. Al competir en el mercado con otros capitalistas se ven impulsados a servir al pueblo. Esta visión de la competencia y del mercado oscurece aquello que precisamente distingue al capitalismo de otras economías de mercado: sus relaciones de producción específicas. Las relaciones de producción capitalistas se caracterizan por dos ámbitos básicos: el ámbito capitalista y el ámbito de los obreros.
• Los capitalistas: dueños de las riquezas, de los medios físicos y materiales de producción. Y su orientación va dirigida hacia el crecimiento de su riqueza. Empezando por un capital de cierto valor para comprar productos con el objetivo de ganar dinero y conseguir una plusvalía.
• Los obreros: personas que no tienen bienes materiales que puedan vender ni medios materiales para producir los bienes necesarios para sí mismos. Sin estos medios de producción, no pueden producir mercancías que vender en el mercado a modo de intercambio. Para conseguir diversos bienes venden lo único que tienen para vender, su fuerza de trabajo.
Para la existencia del capitalismo es necesario que exista una economía basada en productos y dinero, en la que unos sean los dueños de los medios de producción y otros posean la capacidad para realizar el trabajo. Para que esto suceda los obreros deben ser primero libres en un doble sentido: deben ser libres para vender su fuerza de trabajo (algo que el esclavo carece) y deben estar libres de medios de producción (es decir, que los medios de producción deben de haber sido separados de los productores).
Si los obreros están separados d los medios de producción, quedan dos posibilidades:
• Los obreros venden su fuerza de trabajo a los dueños de los medios de producción
• Los obreros alquilan medios de producción a sus dueños.
El capitalista compra el derecho a disponer de la capacidad de los obreros para realizar trabajo precisamente porque es un medio de lograr su objetivo: obtener beneficios. De esta manera se encuentran dos ámbitos de mercado: el propietario del dinero y el propietario de la fuerza de trabajo.
La esfera de producción capitalista.
El proceso de producción que desencadenan las relaciones capitalistas tiene dos características básicas. La primera es que el obrero trabaja bajo la dirección, supervisión y control del capitalista. Los objetivos del capitalista determinan la naturaleza y el propósito de la producción. Las directrices y órdenes acerca del proceso de producción les llegan a los obreros desde arriba. No existen unas relaciones horizontales entre el capitalista y el obrero. En tal ámbito no hay mercado, sino una relación vertical entre el que tiene poder y el que no lo tiene.
La segunda característica de la producción capitalista es que los obreros no tienen derecho de propiedad sobre el producto resultante de su actividad. No tienen derecho alguno sobre el producto. No pueden reclamar nada. Le han vendido al capitalista la única cosa que podía otorgarle ese derecho, la capacidad para realizar su trabajo.
Como el objetivo del capitalista es la plusvalía, sólo compra fuerza de trabajo en la medida en que genere tal plusvalía. La condición necesaria para generarla es la realización de un valor añadido.
Lo que el capitalista quiere es que los obreros realicen un trabajo adicional, es decir, que el trabajo realizado por los obreros exceda del nivel de trabajo necesario. La relación entre el excedente de trabajo y el trabajo necesario es que lo que se definió como la proporción de la explotación.
¿Cómo logra el capitalista su objetivo? Una opción del capitalista es utilizar su control de la producción para aumentar el trabajo que realiza el trabajador: aumentar la jornada laboral. Otro procedimiento es intensificar la jornada laboral. Hacer que en trabajen más en una misma cantidad de tiempo. También se puede reducir el salario. Pagar por debajo del salario real. Contratar a obreros que trabajen por menos dinero.
En resumen, mientras que el capital presiona para aumentar la jornada laboral y pagar menos salario, los obreros porfían por reducir la jornada laboral y aumentar su salario. Y así se fundan sindicatos.
Desde la vista del capital, los obreros no son más que un medio para un fin. No son un fin en sí mismos.
Los obreros realizan una lucha en dirección opuesta a la del capital, se obstinan en reducir el grado de explotación. Implícitas en esa economía política de los obreros y en la lucha de la clase obrera está el surgimiento de las dimensiones entre ellos.
De esta forma, los capitalistas se ven obligados a introducir maquinaria para aumentar la productividad. Al aumentar la productividad en relación con el salario real, reducen la mano de obra necesaria y aumenta el grado de explotación. En la lucha entre el capital y el trabajo, los capitalistas se ven impulsados a revolucionar los procesos de producción.
No obstante, pese a esta nueva forma de producción, caracterizada por la división del trabajo en las fábricas, el crecimiento del capital seguía tropezando con obstáculos. Esta producción seguía dependiendo de obreros cualificados, tras largo períodos de aprendizaje, y estaba sujeta a la resistencia de esos mismos obreros cualificados a la dirección del capital en el lugar del trabajo.
Al proyectar la lógica del capital mucho más allá de las modificaciones del modos de producción se produjeron en su tiempo, Marx describió la emergencia de enormes fábricas automatizadas, combinaciones orgánicas de maquinaria que realizan todas las complejas operaciones de producción. Todo el conocimiento científico y los productos de la mente humana aparecen como atributos del capital en lugar de como atributos del colectivo de los obreros.
La introducción de la maquinaria tiene otro aspecto importante. Todo obrero desplazado, sustituido por la maquinaria, se suma a un “ejército de reserva proletario”. La existencia de este cuerpo de obreros desempleados no sólo permite al capital ejercer la disciplina en el lugar de trabajo, sino mantener los salarios dentro de unos límites convenientes para una rentable producción capitalista.
La promoción de las ventas y la “sobreproducción”.
En tanto que el capital logra sus objetivos en la esfera de la producción, produce cada vez más productos que contienen plusvalía. Sin embargo, los capitalistas no quieren estos productos. Lo que quieren es vender esos productos y hacerse con la plusvalía latente en ellos. De ahí que deban volver a entrar en la esfera de la circulación de mercancías para materializar sus beneficios potenciales.
Del mismo modo que se ven impulsados a aumentar las plusvalías en la esfera de la producción, también se ven impulsados a aumentar la extensión del mercado, con el fin de materializar sus plusvalías.
¿Cómo logra el capital ampliar el mercado? Propagando las necesidades existentes en un círculo más amplio mediante la producción de nuevas necesidades, es decir, de la promoción de las ventas.
Sin embargo, el problema del capital en la esfera de la circulación de mercancías no se reduce a que deba ampliar la esfera de distribución, sino que el capital tiende a ampliar la producción de plusvalías más allá de su capacidad para materializar esas plusvalías. La sobreproducción es la “contradicción fundamental del capital desarrollado”. Existe una constante tendencia a la sobreproducción del capital, una tendencia a aumentar la capacidad productiva por encima de lo que el mercado capitalista existente podría justificar.
Esta idea de desarrollo del potencial humano está presente en toda la obra de Marx: la posibilidad de seres humanos ricos con necesidades humanas ricas, el potencial para producir seres humanos lo más ricos posible en cuanto a sus necesidades y capacidades.
La realización de este potencial exige el desarrollo de una sociedad en la que las personas no se consideren independientes entre sí, en la que la conscientemente reconozcamos nuestra interdependencia y cooperemos libremente sobre la base de este reconocimiento. Cuando nos relacionamos con los demás como seres humanos, producimos para todos y sentimos placer y satisfacción por el simple hecho de ser conscientes de que hacemos algo que es útil.
Las relaciones de producción capitalistas.
Según los economistas capitalistas, la competencia y los mercados aseguran que los capitalistas satisfagan las necesidades del pueblo, no por humanidad y benevolencia, sino por su propio interés. Al competir en el mercado con otros capitalistas se ven impulsados a servir al pueblo. Esta visión de la competencia y del mercado oscurece aquello que precisamente distingue al capitalismo de otras economías de mercado: sus relaciones de producción específicas. Las relaciones de producción capitalistas se caracterizan por dos ámbitos básicos: el ámbito capitalista y el ámbito de los obreros.
• Los capitalistas: dueños de las riquezas, de los medios físicos y materiales de producción. Y su orientación va dirigida hacia el crecimiento de su riqueza. Empezando por un capital de cierto valor para comprar productos con el objetivo de ganar dinero y conseguir una plusvalía.
• Los obreros: personas que no tienen bienes materiales que puedan vender ni medios materiales para producir los bienes necesarios para sí mismos. Sin estos medios de producción, no pueden producir mercancías que vender en el mercado a modo de intercambio. Para conseguir diversos bienes venden lo único que tienen para vender, su fuerza de trabajo.
Para la existencia del capitalismo es necesario que exista una economía basada en productos y dinero, en la que unos sean los dueños de los medios de producción y otros posean la capacidad para realizar el trabajo. Para que esto suceda los obreros deben ser primero libres en un doble sentido: deben ser libres para vender su fuerza de trabajo (algo que el esclavo carece) y deben estar libres de medios de producción (es decir, que los medios de producción deben de haber sido separados de los productores).
Si los obreros están separados d los medios de producción, quedan dos posibilidades:
• Los obreros venden su fuerza de trabajo a los dueños de los medios de producción
• Los obreros alquilan medios de producción a sus dueños.
El capitalista compra el derecho a disponer de la capacidad de los obreros para realizar trabajo precisamente porque es un medio de lograr su objetivo: obtener beneficios. De esta manera se encuentran dos ámbitos de mercado: el propietario del dinero y el propietario de la fuerza de trabajo.
La esfera de producción capitalista.
El proceso de producción que desencadenan las relaciones capitalistas tiene dos características básicas. La primera es que el obrero trabaja bajo la dirección, supervisión y control del capitalista. Los objetivos del capitalista determinan la naturaleza y el propósito de la producción. Las directrices y órdenes acerca del proceso de producción les llegan a los obreros desde arriba. No existen unas relaciones horizontales entre el capitalista y el obrero. En tal ámbito no hay mercado, sino una relación vertical entre el que tiene poder y el que no lo tiene.
La segunda característica de la producción capitalista es que los obreros no tienen derecho de propiedad sobre el producto resultante de su actividad. No tienen derecho alguno sobre el producto. No pueden reclamar nada. Le han vendido al capitalista la única cosa que podía otorgarle ese derecho, la capacidad para realizar su trabajo.
Como el objetivo del capitalista es la plusvalía, sólo compra fuerza de trabajo en la medida en que genere tal plusvalía. La condición necesaria para generarla es la realización de un valor añadido.
Lo que el capitalista quiere es que los obreros realicen un trabajo adicional, es decir, que el trabajo realizado por los obreros exceda del nivel de trabajo necesario. La relación entre el excedente de trabajo y el trabajo necesario es que lo que se definió como la proporción de la explotación.
¿Cómo logra el capitalista su objetivo? Una opción del capitalista es utilizar su control de la producción para aumentar el trabajo que realiza el trabajador: aumentar la jornada laboral. Otro procedimiento es intensificar la jornada laboral. Hacer que en trabajen más en una misma cantidad de tiempo. También se puede reducir el salario. Pagar por debajo del salario real. Contratar a obreros que trabajen por menos dinero.
En resumen, mientras que el capital presiona para aumentar la jornada laboral y pagar menos salario, los obreros porfían por reducir la jornada laboral y aumentar su salario. Y así se fundan sindicatos.
Desde la vista del capital, los obreros no son más que un medio para un fin. No son un fin en sí mismos.
Los obreros realizan una lucha en dirección opuesta a la del capital, se obstinan en reducir el grado de explotación. Implícitas en esa economía política de los obreros y en la lucha de la clase obrera está el surgimiento de las dimensiones entre ellos.
De esta forma, los capitalistas se ven obligados a introducir maquinaria para aumentar la productividad. Al aumentar la productividad en relación con el salario real, reducen la mano de obra necesaria y aumenta el grado de explotación. En la lucha entre el capital y el trabajo, los capitalistas se ven impulsados a revolucionar los procesos de producción.
No obstante, pese a esta nueva forma de producción, caracterizada por la división del trabajo en las fábricas, el crecimiento del capital seguía tropezando con obstáculos. Esta producción seguía dependiendo de obreros cualificados, tras largo períodos de aprendizaje, y estaba sujeta a la resistencia de esos mismos obreros cualificados a la dirección del capital en el lugar del trabajo.
Al proyectar la lógica del capital mucho más allá de las modificaciones del modos de producción se produjeron en su tiempo, Marx describió la emergencia de enormes fábricas automatizadas, combinaciones orgánicas de maquinaria que realizan todas las complejas operaciones de producción. Todo el conocimiento científico y los productos de la mente humana aparecen como atributos del capital en lugar de como atributos del colectivo de los obreros.
La introducción de la maquinaria tiene otro aspecto importante. Todo obrero desplazado, sustituido por la maquinaria, se suma a un “ejército de reserva proletario”. La existencia de este cuerpo de obreros desempleados no sólo permite al capital ejercer la disciplina en el lugar de trabajo, sino mantener los salarios dentro de unos límites convenientes para una rentable producción capitalista.
La promoción de las ventas y la “sobreproducción”.
En tanto que el capital logra sus objetivos en la esfera de la producción, produce cada vez más productos que contienen plusvalía. Sin embargo, los capitalistas no quieren estos productos. Lo que quieren es vender esos productos y hacerse con la plusvalía latente en ellos. De ahí que deban volver a entrar en la esfera de la circulación de mercancías para materializar sus beneficios potenciales.
Del mismo modo que se ven impulsados a aumentar las plusvalías en la esfera de la producción, también se ven impulsados a aumentar la extensión del mercado, con el fin de materializar sus plusvalías.
¿Cómo logra el capital ampliar el mercado? Propagando las necesidades existentes en un círculo más amplio mediante la producción de nuevas necesidades, es decir, de la promoción de las ventas.
Sin embargo, el problema del capital en la esfera de la circulación de mercancías no se reduce a que deba ampliar la esfera de distribución, sino que el capital tiende a ampliar la producción de plusvalías más allá de su capacidad para materializar esas plusvalías. La sobreproducción es la “contradicción fundamental del capital desarrollado”. Existe una constante tendencia a la sobreproducción del capital, una tendencia a aumentar la capacidad productiva por encima de lo que el mercado capitalista existente podría justificar.
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Practico 2 Historia Social General "Hobsbawm, Berman, Marx y Engels"
Hobsbawm: “Las revoluciones burguesas”.
La gran revolución de 1789-1848 fue el triunfo de la industria capitalista, de la “sociedad burguesa” y liberal; de economías y estados en una región geográfica particular del mundo (parte de Europa y EE.UU.) cuyo centro fueron los estados rivales de Gran Bretaña y Francia. La transformación que sufrió esta época está constituida sobre todo por el trastorno gemelo iniciado en ambos países.
Estas revoluciones provocaron el establecimiento del dominio del globo por parte de unos cuantos regímenes occidentales sin paralelo en la historia. Ante los mercaderes, las máquinas de vapor, los barcos, los cañones de occidente, los viejos imperios y civilizaciones del mundo se derrumbaban y capitulaban.
Por Ej. la India se convirtió en una provincia administrada por británicos, los estados islámicos sufrieron profundas crisis, África fue invadida en su totalidad y el imperio chino se vio obligado a abrir sus fronteras al comercio occidental.
Dentro de Europa estaban empezando a surgir las fuerzas e ideas que buscaban la sustitución de la nueva sociedad triunfante. El “espectro del comunismo” ya rondó a Europa en 1848. La ideología socialista revolucionaria y la comunista, nació en reacción contra la doble revolución, y que hacia 1848 encontró su primera formulación clásica.
Berman: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
La vida moderna ha sido alimentada por muchas fuentes:
• Los grandes descubrimientos en las ciencias físicas.
• La industrialización de la producción, que transforma el conocimiento científico en tecnología, crea nuevos entornos humanos, acelera el ritmo general de la vida, genera nuevas formas de poder colectivo y de lucha de clases.
• Las alteraciones demográficas.
• El crecimiento urbano.
• Los sistemas de comunicación de masas.
• Los Estados cada vez más poderosos.
• Los movimientos sociales masivos de personas y pueblos, que desafían a sus dirigentes políticos y económicos y se esfuerzan por conseguir cierto control sobre sus vidas.
• Todo sustentado por un mercado capitalista mundial que siempre está en expansión.
El modernismo es una época donde todo avanza vertiginosamente y se expande hacia muchos puntos a la vez. Sus comienzos se remontan a las revoluciones en Francia y Gran Bretaña. Desde esos años han surgido máquinas de vapor, fábricas automáticas, vías férreas, nueva zonas industriales, ciudades que crecieron rápidamente, el uso de los medios de comunicación masivos, luchas sociales, empresas con capitales, etc.
Marx argumenta que el modernismo se contradice notablemente y a todo momento. Él dice que las máquinas, que acorta el trabajo humano, provocan el hambre; las fuentes de riquezas descubiertas se convierten en fuente de privaciones. La dominación del hombre sobre la naturaleza es mayor, pero a la vez el hombre se convierte en un esclavo de otros hombres.
En el manifiesto comunista, Marx expone que el papel de la burguesía en la modernidad, siempre desde el lado de la producción.
“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por ende, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales”.
“Todas las relaciones estancadas, con sus creencias e ideas mantenidas desde siglos quedan rotas; las nuevas se hacen viejas antes de que puedan madurarse…”
Marx y Engels: “El Manifiesto Comunista” 1er capítulo.
La historia de todas las sociedades hasta la actualidad es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos: opresores y oprimidos siempre estuvieron enfrentados.
En las anteriores épocas históricas se encuentra una diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales.
Con la llegada de la burguesía, la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos grupos o clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.
La llegada de la burguesía se debió a grandes revoluciones en el modo de producción y de cambio. Pero sobre todo, esta clase se potenció aún más a partir de la doble revolución surgida en Gran Bretaña y Francia.
Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las antiguas relaciones feudales y patriarcales. Las ligaduras feudales que ligaban al hombre con sus “superiores naturales” ha sido sustituida por otro vínculo más frío y que tiene como eje central el interés: el pago al contado. También desaparecieron los poderes por religión y el caballerismo.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello las relaciones sociales. Antes, la continuidad de los métodos de producción era fundamental en toda sociedad industrial.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Ha quitado a la industria su base nacional. También, por medio de la comunicación masiva, expande su idea de “civilización” a todos los rincones del planeta. Aquellas regiones que no se unan a esta clase de civilización inevitablemente sucumben.
Otros cambios que ha logrado es el sometimiento del campo respecto a las ciudades. Se crearon grandes urbes, aumentando el número de población en comparación al campo.
Han suprimido el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Los medios de producción han quedado para unos pocos. Esto obliga a crear una política centralizada.
Por otro lado, pequeños comerciantes, rentistas, industriales, artesanos, campesinos, toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en las fulas del proletariado; unos, porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer grandes empresas industriales; otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante los nuevos métodos de producción.
Los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquina va borrando las diferencias en el trabajo y reduce el salario a un nivel bajo. Como resultado del constante perfeccionamiento de la máquina, los obreros se sitúan en una situación cada vez más precaria.
Para luchar contra los burgueses se forman asociaciones permanentes para asegurarse los medios necesarios. El resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros.
La gran revolución de 1789-1848 fue el triunfo de la industria capitalista, de la “sociedad burguesa” y liberal; de economías y estados en una región geográfica particular del mundo (parte de Europa y EE.UU.) cuyo centro fueron los estados rivales de Gran Bretaña y Francia. La transformación que sufrió esta época está constituida sobre todo por el trastorno gemelo iniciado en ambos países.
Estas revoluciones provocaron el establecimiento del dominio del globo por parte de unos cuantos regímenes occidentales sin paralelo en la historia. Ante los mercaderes, las máquinas de vapor, los barcos, los cañones de occidente, los viejos imperios y civilizaciones del mundo se derrumbaban y capitulaban.
Por Ej. la India se convirtió en una provincia administrada por británicos, los estados islámicos sufrieron profundas crisis, África fue invadida en su totalidad y el imperio chino se vio obligado a abrir sus fronteras al comercio occidental.
Dentro de Europa estaban empezando a surgir las fuerzas e ideas que buscaban la sustitución de la nueva sociedad triunfante. El “espectro del comunismo” ya rondó a Europa en 1848. La ideología socialista revolucionaria y la comunista, nació en reacción contra la doble revolución, y que hacia 1848 encontró su primera formulación clásica.
Berman: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
La vida moderna ha sido alimentada por muchas fuentes:
• Los grandes descubrimientos en las ciencias físicas.
• La industrialización de la producción, que transforma el conocimiento científico en tecnología, crea nuevos entornos humanos, acelera el ritmo general de la vida, genera nuevas formas de poder colectivo y de lucha de clases.
• Las alteraciones demográficas.
• El crecimiento urbano.
• Los sistemas de comunicación de masas.
• Los Estados cada vez más poderosos.
• Los movimientos sociales masivos de personas y pueblos, que desafían a sus dirigentes políticos y económicos y se esfuerzan por conseguir cierto control sobre sus vidas.
• Todo sustentado por un mercado capitalista mundial que siempre está en expansión.
El modernismo es una época donde todo avanza vertiginosamente y se expande hacia muchos puntos a la vez. Sus comienzos se remontan a las revoluciones en Francia y Gran Bretaña. Desde esos años han surgido máquinas de vapor, fábricas automáticas, vías férreas, nueva zonas industriales, ciudades que crecieron rápidamente, el uso de los medios de comunicación masivos, luchas sociales, empresas con capitales, etc.
Marx argumenta que el modernismo se contradice notablemente y a todo momento. Él dice que las máquinas, que acorta el trabajo humano, provocan el hambre; las fuentes de riquezas descubiertas se convierten en fuente de privaciones. La dominación del hombre sobre la naturaleza es mayor, pero a la vez el hombre se convierte en un esclavo de otros hombres.
En el manifiesto comunista, Marx expone que el papel de la burguesía en la modernidad, siempre desde el lado de la producción.
“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por ende, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales”.
“Todas las relaciones estancadas, con sus creencias e ideas mantenidas desde siglos quedan rotas; las nuevas se hacen viejas antes de que puedan madurarse…”
Marx y Engels: “El Manifiesto Comunista” 1er capítulo.
La historia de todas las sociedades hasta la actualidad es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos: opresores y oprimidos siempre estuvieron enfrentados.
En las anteriores épocas históricas se encuentra una diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales.
Con la llegada de la burguesía, la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos grupos o clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.
La llegada de la burguesía se debió a grandes revoluciones en el modo de producción y de cambio. Pero sobre todo, esta clase se potenció aún más a partir de la doble revolución surgida en Gran Bretaña y Francia.
Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las antiguas relaciones feudales y patriarcales. Las ligaduras feudales que ligaban al hombre con sus “superiores naturales” ha sido sustituida por otro vínculo más frío y que tiene como eje central el interés: el pago al contado. También desaparecieron los poderes por religión y el caballerismo.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello las relaciones sociales. Antes, la continuidad de los métodos de producción era fundamental en toda sociedad industrial.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Ha quitado a la industria su base nacional. También, por medio de la comunicación masiva, expande su idea de “civilización” a todos los rincones del planeta. Aquellas regiones que no se unan a esta clase de civilización inevitablemente sucumben.
Otros cambios que ha logrado es el sometimiento del campo respecto a las ciudades. Se crearon grandes urbes, aumentando el número de población en comparación al campo.
Han suprimido el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Los medios de producción han quedado para unos pocos. Esto obliga a crear una política centralizada.
Por otro lado, pequeños comerciantes, rentistas, industriales, artesanos, campesinos, toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en las fulas del proletariado; unos, porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer grandes empresas industriales; otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante los nuevos métodos de producción.
Los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquina va borrando las diferencias en el trabajo y reduce el salario a un nivel bajo. Como resultado del constante perfeccionamiento de la máquina, los obreros se sitúan en una situación cada vez más precaria.
Para luchar contra los burgueses se forman asociaciones permanentes para asegurarse los medios necesarios. El resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros.
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Practico 1 Historia Social General¿Hacemos tabla rasa del pasado?
La historia como relación activa con el pasado:
La historia es una gran máquina autoselectiva, capaz de retener, o de olvidar los personajes, las fechas, los hechos. Sería capaz de dar lecciones, de dar la razón o sentenciar y otras veces mantiene sus enigmas.
Surge así la idea de que la historia domina a los hombres desde el exterior, que ejerce sobre ellos una autoridad suprema por estar inscrita en un pasado irreversible y que es imposible ofrecer resistencia. En definitiva: el pasado manda en el presente.
Marx dice que en realidad es el hombre el que realiza los cambios, quien puede modificar la historia continua. La historia es el producto del hacer humano.
El pasado cuenta por lo que significa para nosotros. Es el producto de nuestra memoria colectiva, o sea, todo aquello que queda en el subconsciente social. Pero este pasado debe tener un sentido para nosotros. Nos ayuda a comprender mejor la sociedad en que vivimos hoy, a saber qué defender y preservar. La historia es una relación activa con el pasado.
El trabajo profesional de los historiadores especializados forma parte de esta relación colectiva y contradictoria de nuestra sociedad con su pasado. Jamás es independiente del contexto social y de la ideología dominante.
Existe una gran hambre de historia entre el pueblo. Siempre se tiene la necesidad de encontrar motivos del pasado cuando el presente hace daño, aunque también ha servido para significar una voluntad de lucha, un aferrarse activo. Se trata de lograr una continuidad, Ej.: el maltrato de negros es un referente del pensamiento del black power.
Una definición de conocimiento histórico con este planteamiento sería como:
“La necesidad que siente cada grupo humano en cada movimiento de su evolución, de buscar y de poner de relieve, en el pasado, los hechos, los acontecimientos, las tendencias que preparan el tiempo presente y que permiten comprenderlo, que ayudan a vivirlo”.
Nuestro conocimiento del pasado es un factor activo del movimiento de la sociedad, es lo que se ventila en las luchas políticas e ideológicas. El pasado, el conocimiento histórico pueden funcionar al servicio del tradicionalismo social (continuidad) o al servicio de las luchas populares (ruptura).
Al situar la relación colectiva con el pasado como base del conocimiento histórico, se invierte radicalmente la relación pasado-futuro. Es el presente el que plantea las cuestiones y hace las órdenes. El presente no necesita del pasado sino en relación con el porvenir. La memoria colectiva, en apelación a la historia actúa en última instancia respecto al futuro.
Historia y estado:
En las sociedades de clases, la historia forma parte de los instrumentos de los cuales la clase dirigente mantiene su poder. El aparato de estado trata de controlar el pasado, al nivel de la política práctica y al nivel de la ideología, a la vez.
El estado, el poder, organizan el tiempo pasado y conforman su imagen en función de sus intereses políticos e ideológicos.
Las clases dirigentes y el poder del estado suelen apelar al pasado de manera explícita: la tradición, incluidas en sus componentes culturales específicas la continuidad, la historia, son invocadas como fundamento de principio de su dominación.
Otras veces, la manipulación del pasado es menos directa. Mediante la publicación de manuales escolares, filmes y televisión, se llama a la historia en defensa del orden establecido y de los intereses de las clases dirigentes. Mediante las fiestas nacionales, las conmemoraciones y los aniversarios solemnes, el estado ritualiza el pasado y forman la memoria popular.
La ocultación es uno de los procedimientos más corrientes en este dispositivo de control del pasado por el poder. El pasado es un inoportuno del que hay que desembarazarse.
En la lucha contra el orden establecido, rechazar el pasado y sus imágenes de opresión es una tendencia natural. No se trata de olvidar el pasado. A la versión oficial del pasado, conforme los intereses del poder y, por lo tanto, mutilada, censurada, deformada, las masas oponen una imagen más sólida, una imagen conforme con sus aspiraciones y que refleja la riqueza real de su pasado. El punto de partida de cada lucha popular es la revisión de la historia oficial.
La historia es una gran máquina autoselectiva, capaz de retener, o de olvidar los personajes, las fechas, los hechos. Sería capaz de dar lecciones, de dar la razón o sentenciar y otras veces mantiene sus enigmas.
Surge así la idea de que la historia domina a los hombres desde el exterior, que ejerce sobre ellos una autoridad suprema por estar inscrita en un pasado irreversible y que es imposible ofrecer resistencia. En definitiva: el pasado manda en el presente.
Marx dice que en realidad es el hombre el que realiza los cambios, quien puede modificar la historia continua. La historia es el producto del hacer humano.
El pasado cuenta por lo que significa para nosotros. Es el producto de nuestra memoria colectiva, o sea, todo aquello que queda en el subconsciente social. Pero este pasado debe tener un sentido para nosotros. Nos ayuda a comprender mejor la sociedad en que vivimos hoy, a saber qué defender y preservar. La historia es una relación activa con el pasado.
El trabajo profesional de los historiadores especializados forma parte de esta relación colectiva y contradictoria de nuestra sociedad con su pasado. Jamás es independiente del contexto social y de la ideología dominante.
Existe una gran hambre de historia entre el pueblo. Siempre se tiene la necesidad de encontrar motivos del pasado cuando el presente hace daño, aunque también ha servido para significar una voluntad de lucha, un aferrarse activo. Se trata de lograr una continuidad, Ej.: el maltrato de negros es un referente del pensamiento del black power.
Una definición de conocimiento histórico con este planteamiento sería como:
“La necesidad que siente cada grupo humano en cada movimiento de su evolución, de buscar y de poner de relieve, en el pasado, los hechos, los acontecimientos, las tendencias que preparan el tiempo presente y que permiten comprenderlo, que ayudan a vivirlo”.
Nuestro conocimiento del pasado es un factor activo del movimiento de la sociedad, es lo que se ventila en las luchas políticas e ideológicas. El pasado, el conocimiento histórico pueden funcionar al servicio del tradicionalismo social (continuidad) o al servicio de las luchas populares (ruptura).
Al situar la relación colectiva con el pasado como base del conocimiento histórico, se invierte radicalmente la relación pasado-futuro. Es el presente el que plantea las cuestiones y hace las órdenes. El presente no necesita del pasado sino en relación con el porvenir. La memoria colectiva, en apelación a la historia actúa en última instancia respecto al futuro.
Historia y estado:
En las sociedades de clases, la historia forma parte de los instrumentos de los cuales la clase dirigente mantiene su poder. El aparato de estado trata de controlar el pasado, al nivel de la política práctica y al nivel de la ideología, a la vez.
El estado, el poder, organizan el tiempo pasado y conforman su imagen en función de sus intereses políticos e ideológicos.
Las clases dirigentes y el poder del estado suelen apelar al pasado de manera explícita: la tradición, incluidas en sus componentes culturales específicas la continuidad, la historia, son invocadas como fundamento de principio de su dominación.
Otras veces, la manipulación del pasado es menos directa. Mediante la publicación de manuales escolares, filmes y televisión, se llama a la historia en defensa del orden establecido y de los intereses de las clases dirigentes. Mediante las fiestas nacionales, las conmemoraciones y los aniversarios solemnes, el estado ritualiza el pasado y forman la memoria popular.
La ocultación es uno de los procedimientos más corrientes en este dispositivo de control del pasado por el poder. El pasado es un inoportuno del que hay que desembarazarse.
En la lucha contra el orden establecido, rechazar el pasado y sus imágenes de opresión es una tendencia natural. No se trata de olvidar el pasado. A la versión oficial del pasado, conforme los intereses del poder y, por lo tanto, mutilada, censurada, deformada, las masas oponen una imagen más sólida, una imagen conforme con sus aspiraciones y que refleja la riqueza real de su pasado. El punto de partida de cada lucha popular es la revisión de la historia oficial.
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martes, 25 de agosto de 2009
Practico 3-Marx, Engels y el Materialismo Historico II
Como consecuencia del excedente de produccion, aparecio lo que llamaremos la propiedad privada y las guerras por controlarla. Surgio entonces una division del trabajo mayor, de doble caracter; una forma de trabajo no libre y por otro lado hombres mas o menos poderosos, es decir explotadores y explotados. Con la propiedad privada surge la necesidad de los hombres de estar con una sola mujer, y por consiguiente formar una familia, para traspasarles a sus hijos su "herencia" de bienes materiales.
Con el surgimiento de la civilizacion significo el "derrocamiento del derecho materno"(la gran derrota del sexo femenino de la historia).
El Estado es un producto de la sociedad cuando llega a un determinado grado de desarrollo, este es un poder situado por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque( nacio para refrenar los antagonismos de clase). FORMAS DE ESTADO= El Estado antiguo era de los esclavistas, para mantener sometidos a los esclavos; El Feudal se valia de la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos; el Estado Moderno representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado.
PROGRESO Y TRAGEDIA:
Con relacion al imperialismo britanico reinante en la India, Marx veia reflejada en el campesinado del subcontinente la condicion del campesinado de Europa de unos siglos antes.
Con el surgimiento de la civilizacion significo el "derrocamiento del derecho materno"(la gran derrota del sexo femenino de la historia).
El Estado es un producto de la sociedad cuando llega a un determinado grado de desarrollo, este es un poder situado por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque( nacio para refrenar los antagonismos de clase). FORMAS DE ESTADO= El Estado antiguo era de los esclavistas, para mantener sometidos a los esclavos; El Feudal se valia de la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos; el Estado Moderno representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado.
PROGRESO Y TRAGEDIA:
Con relacion al imperialismo britanico reinante en la India, Marx veia reflejada en el campesinado del subcontinente la condicion del campesinado de Europa de unos siglos antes.
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viernes, 21 de agosto de 2009
Practico 3-Marx, Engels y el Materialismo Historico
PRACTICO 3 -
INTRODUCCION:
Este texto trata sobre la teoria de la historia de Marx y Engels( el materialismo historico). Marx tuvo una obra muy amplia y como todo pensador se contradice, pero para evitar confusiones
hay que considerar el contexto en que hace cada afirmacion.
PRODUCCION E HISTORIA:
La teoria de la historia de Marx es ridicularizada como una forma arquetipica del reduccionismo economico, tal concepto es erroneo pues Marx apuntaba a la totalidad y a ver la sociedad
como una unidad. En su teoria de la historia Marx coloca a la produccion como proceso social, politico e historico en el centro de la totalidad social. Los hombres y mujeres se diferencian
de los animales cuando empiezan a producir sus medios de vida, al producir estos, contraen relaciones sociales y politicas determinadas. Marx y Engels en su teoria determinaron que el
lenguaje y las ideas son resultado del proceso de produccion. A traves de la historia los hombres y mujeres se forman como seres sociales, al satisfacer las necesidades basicas estos
generan nuevas necesidades. Existe una naturaleza humana trans-historica y una naturaleza de la humanidad. La produccion, la distribucion, el intercambio y el consumo son partes de una
totalidad. Cada estructura social debe ser entendida como una totalidad en la cual la produccion tiene una importancia fundamental.
Marx intento fundar un espacio metodologico entre el reduccionismo y el pluralismo. La situacion economica es la base, pero los diversos factores de la superestructura (formas politicas,
lucha de clases, constituciones) ejercen tambien su influencia sobre el curso de las luchas historicas. Engels argumento que el Estado poseia relativa independencia y que podia generar
estragos en el desarrollo economico. Al cambiar la base economica se transforma rapidamente la superestructura.
Marx dividio a la produccion en dos esferas analiticas: las fuerzas de produccion (los medios de produccion, la fuerza de trabajo y materia prima); y las formas de intercambio(relaciones de
produccion).
Marx plasmo su objetivo de periodizar la historia a traves del concepto de relaciones de produccion. Marx periodizo la historia en una seria de modos de produccion, a cada uno de los
cuales los entendio como una articulacion particular de fuerzas y relaciones de produccion.
Las relaciones de produccion eran relaciones de explotacion entre clases. La clase se desarrollo a partir de la division del trabajo ( primitivamente las mujeres recolectaban y los hombres
cazaban, luego la division se volvio mas compleja, entonces advino la divison entre el trabajo manual y el trabajo mental.
Una clase es un grupo de personas dentro de una comunidad identificadas por su posicion dentro del sistema global de produccion social, de acuerdo a su grado de control con las
condiciones de produccion y con otras clases. El conflicto de las clases es esencialmente la relacion de clases que involucra explotacion y resistencia, no necesariamente conciencia de
clase, ni actividades en comun.
El modo de produccion es la articulacion de las relaciones y fuerzas de produccion, mientras que el modo dominanate de cualquier sociedad es el contexto de dicha sociedad en particular,
en la cual la lucha de clases, la politica, la ideologia, etc, de esa formacion social pueden ser explicadas. Marx pone especial enfasis en que la estructura exacta de cualquier formacion social
se puede descubrir solo a traves de un analisis empirico cuidadoso.
La forma en que se le extrae el plustrabajo al productor directo determina la relacion de dominacion y servidumbre como surge directamente de la propia produccion, y a su vez reacciona en
forma determinante sobre ella. Maxr a lo largo de su carrera fue descubriendo nuevas formaciones economicas precapitalistas, con ellas nos pretendia representar un camino unilineal
a traves de la historia, sino mostrar un progreso logico hacia la individualizacion del hombre.
La adopcion por Marx de una teoria multilineal de la historia significo que estaba preparado para sostener que, en ciertas circunstancias, podian existir un movimiento desde formas menos
desarrolladas de propiedad comunal sin la intervencion de una etapa capitalista. Marx consisderaba que la acumlulacion de capital a escala mundial era un precondicion necesaria para el
socialismo. El desarrollo de las fuerzas productivas, consituye tambien una premisa practica absolutamente necesaria, porque sin ella se generaria escasez, y con la pobreza, comenzaria
de nuevo la lucha por lo indispensable. Rigby sostiene que son mas bien las fuerzas productivas que los actores humanos los que hacen la historia. La base economica de la sociedad
provee un marco dentro del cual surge la superestructura, un conjunto de relaciones al rededor de las cuales pueden entrelazarse las relaciones humanas, un nucleo de relaciones humanas
desde el cuall crece todo lo demas.
Marx sostuvo que tanto el trabajo como la libertad eran la esencial del hombre. La libertad era un potencial inherente de la humanidad que se realiza a traves de la historia. EL significado
de la libertad evoluciona a lo largo de la historia, en tanto se expanden los parametros materiales para su realizacion. El reino de la libertad comienza en el punto que termina el trabajo
determinado por la necesidad y la compulsion externa. La humanidad debe luchar contra la naturaleza para satisfacer sus necesidades porque primero siempre permanecera un reino de
necesidad que demande trabajo y segundo porque la expansion de las fuerzas productivas construidas para cubrir estas necesidades tenderan a generar otras nuevas. La reduccion de la
jornada de trabajo es el pre-requisito necesario para la conquista de la libertad.
MARXISMO Y EVOLUCIONISMO:
La relacion emergente entre la teoria de Darwin y la de Marx se vuelve evidente en "El papel del trabajo en la transformacion del mono en hombre" de Engels. Engels tomo posicion contra la
interpretacion de Darwin, quien argumento que el desarrollo de cerebros mas grandes llevo al bipedismo, manos libres y lenguaje. Engels sugeria que el masivo desarrollo del cerebro fue
evolutivamente posterior al bipedismo. Una vez que las manos de nuestros ancestros los monos dejaron de ser usadas para trepar, se comezaron a utilizar para manejar herramientas, con el
tiempo las manos de los simios evolucionaron de manera semejante a las de los humanos.
La evolucion hacia el hombre social se dio gracias a que el desarrollo del trabajo tenia que contribuir forzosamente a agrupar aun mas a los miembros de la sociedad, entonces los hombres
llegaron a un punto en el cual tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros. El trabajo reforzo la evolucion del comportamiento social, la adaptacion de la laringe facilito el desarrollo
del lenguaje, asi el trabajo y el lenguaje constituyeron en conjunto los dos estimulos mas importantes de la rapida expansion cerebral. Una inteligencia acrecentada y el saber tecnologico
condujeron luego al desarrollo de una dieta mas variada. La ampliacion de la dieta de nuestros ancestros apuntalo a su vez las ulteriores expansiones del cerebro, las cuales facilitaron la
conquista del fuego y la domesticacion del ganado.
Una vez que los humanos evolucionaron hasta su forma moderna, la evolucion natural dejo paso a la evolucion cultural como la fuerza mas dinamica de la historia humana. Engels afirmo
que la explotacion del hombre por el hombre y la existencia de clases sociales devino de que la productividad del trabajo excede a la necesaria para propia subsistencia. La antigua division
igualitaria del trabajo dentro de la familia, entre varones (cazadores) y mujeres (recolectoras), se transformo en una relacion de poder a medida de que la riqueza aportada al hogar por la mujer
con el trabajo domestico desminuye en relacion a la que aporta el hombre con el ganado, tambien se deteriora la posicion de la mujer con respecto al hombre.
INTRODUCCION:
Este texto trata sobre la teoria de la historia de Marx y Engels( el materialismo historico). Marx tuvo una obra muy amplia y como todo pensador se contradice, pero para evitar confusiones
hay que considerar el contexto en que hace cada afirmacion.
PRODUCCION E HISTORIA:
La teoria de la historia de Marx es ridicularizada como una forma arquetipica del reduccionismo economico, tal concepto es erroneo pues Marx apuntaba a la totalidad y a ver la sociedad
como una unidad. En su teoria de la historia Marx coloca a la produccion como proceso social, politico e historico en el centro de la totalidad social. Los hombres y mujeres se diferencian
de los animales cuando empiezan a producir sus medios de vida, al producir estos, contraen relaciones sociales y politicas determinadas. Marx y Engels en su teoria determinaron que el
lenguaje y las ideas son resultado del proceso de produccion. A traves de la historia los hombres y mujeres se forman como seres sociales, al satisfacer las necesidades basicas estos
generan nuevas necesidades. Existe una naturaleza humana trans-historica y una naturaleza de la humanidad. La produccion, la distribucion, el intercambio y el consumo son partes de una
totalidad. Cada estructura social debe ser entendida como una totalidad en la cual la produccion tiene una importancia fundamental.
Marx intento fundar un espacio metodologico entre el reduccionismo y el pluralismo. La situacion economica es la base, pero los diversos factores de la superestructura (formas politicas,
lucha de clases, constituciones) ejercen tambien su influencia sobre el curso de las luchas historicas. Engels argumento que el Estado poseia relativa independencia y que podia generar
estragos en el desarrollo economico. Al cambiar la base economica se transforma rapidamente la superestructura.
Marx dividio a la produccion en dos esferas analiticas: las fuerzas de produccion (los medios de produccion, la fuerza de trabajo y materia prima); y las formas de intercambio(relaciones de
produccion).
Marx plasmo su objetivo de periodizar la historia a traves del concepto de relaciones de produccion. Marx periodizo la historia en una seria de modos de produccion, a cada uno de los
cuales los entendio como una articulacion particular de fuerzas y relaciones de produccion.
Las relaciones de produccion eran relaciones de explotacion entre clases. La clase se desarrollo a partir de la division del trabajo ( primitivamente las mujeres recolectaban y los hombres
cazaban, luego la division se volvio mas compleja, entonces advino la divison entre el trabajo manual y el trabajo mental.
Una clase es un grupo de personas dentro de una comunidad identificadas por su posicion dentro del sistema global de produccion social, de acuerdo a su grado de control con las
condiciones de produccion y con otras clases. El conflicto de las clases es esencialmente la relacion de clases que involucra explotacion y resistencia, no necesariamente conciencia de
clase, ni actividades en comun.
El modo de produccion es la articulacion de las relaciones y fuerzas de produccion, mientras que el modo dominanate de cualquier sociedad es el contexto de dicha sociedad en particular,
en la cual la lucha de clases, la politica, la ideologia, etc, de esa formacion social pueden ser explicadas. Marx pone especial enfasis en que la estructura exacta de cualquier formacion social
se puede descubrir solo a traves de un analisis empirico cuidadoso.
La forma en que se le extrae el plustrabajo al productor directo determina la relacion de dominacion y servidumbre como surge directamente de la propia produccion, y a su vez reacciona en
forma determinante sobre ella. Maxr a lo largo de su carrera fue descubriendo nuevas formaciones economicas precapitalistas, con ellas nos pretendia representar un camino unilineal
a traves de la historia, sino mostrar un progreso logico hacia la individualizacion del hombre.
La adopcion por Marx de una teoria multilineal de la historia significo que estaba preparado para sostener que, en ciertas circunstancias, podian existir un movimiento desde formas menos
desarrolladas de propiedad comunal sin la intervencion de una etapa capitalista. Marx consisderaba que la acumlulacion de capital a escala mundial era un precondicion necesaria para el
socialismo. El desarrollo de las fuerzas productivas, consituye tambien una premisa practica absolutamente necesaria, porque sin ella se generaria escasez, y con la pobreza, comenzaria
de nuevo la lucha por lo indispensable. Rigby sostiene que son mas bien las fuerzas productivas que los actores humanos los que hacen la historia. La base economica de la sociedad
provee un marco dentro del cual surge la superestructura, un conjunto de relaciones al rededor de las cuales pueden entrelazarse las relaciones humanas, un nucleo de relaciones humanas
desde el cuall crece todo lo demas.
Marx sostuvo que tanto el trabajo como la libertad eran la esencial del hombre. La libertad era un potencial inherente de la humanidad que se realiza a traves de la historia. EL significado
de la libertad evoluciona a lo largo de la historia, en tanto se expanden los parametros materiales para su realizacion. El reino de la libertad comienza en el punto que termina el trabajo
determinado por la necesidad y la compulsion externa. La humanidad debe luchar contra la naturaleza para satisfacer sus necesidades porque primero siempre permanecera un reino de
necesidad que demande trabajo y segundo porque la expansion de las fuerzas productivas construidas para cubrir estas necesidades tenderan a generar otras nuevas. La reduccion de la
jornada de trabajo es el pre-requisito necesario para la conquista de la libertad.
MARXISMO Y EVOLUCIONISMO:
La relacion emergente entre la teoria de Darwin y la de Marx se vuelve evidente en "El papel del trabajo en la transformacion del mono en hombre" de Engels. Engels tomo posicion contra la
interpretacion de Darwin, quien argumento que el desarrollo de cerebros mas grandes llevo al bipedismo, manos libres y lenguaje. Engels sugeria que el masivo desarrollo del cerebro fue
evolutivamente posterior al bipedismo. Una vez que las manos de nuestros ancestros los monos dejaron de ser usadas para trepar, se comezaron a utilizar para manejar herramientas, con el
tiempo las manos de los simios evolucionaron de manera semejante a las de los humanos.
La evolucion hacia el hombre social se dio gracias a que el desarrollo del trabajo tenia que contribuir forzosamente a agrupar aun mas a los miembros de la sociedad, entonces los hombres
llegaron a un punto en el cual tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros. El trabajo reforzo la evolucion del comportamiento social, la adaptacion de la laringe facilito el desarrollo
del lenguaje, asi el trabajo y el lenguaje constituyeron en conjunto los dos estimulos mas importantes de la rapida expansion cerebral. Una inteligencia acrecentada y el saber tecnologico
condujeron luego al desarrollo de una dieta mas variada. La ampliacion de la dieta de nuestros ancestros apuntalo a su vez las ulteriores expansiones del cerebro, las cuales facilitaron la
conquista del fuego y la domesticacion del ganado.
Una vez que los humanos evolucionaron hasta su forma moderna, la evolucion natural dejo paso a la evolucion cultural como la fuerza mas dinamica de la historia humana. Engels afirmo
que la explotacion del hombre por el hombre y la existencia de clases sociales devino de que la productividad del trabajo excede a la necesaria para propia subsistencia. La antigua division
igualitaria del trabajo dentro de la familia, entre varones (cazadores) y mujeres (recolectoras), se transformo en una relacion de poder a medida de que la riqueza aportada al hogar por la mujer
con el trabajo domestico desminuye en relacion a la que aporta el hombre con el ganado, tambien se deteriora la posicion de la mujer con respecto al hombre.
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